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‘¿Qué vamos a hacer?’

Jesús Sibilla Oropesa

01/May/2018 | Por:


¿QUÉ VAMOS A HACER?

30/IV/18

En alguna ocasión les decía que estamos pagando la factura de no haber educado correctamente a nuestros hijos, de no darles un ejemplo de congruencia, de haber sacado a Dios de sus vidas al primer amago de aburrimiento de ellos para que se la pasaran bien, de haber comprado la idea de que todo lo nuevo es bueno, de que todo lo placentero está bien, de que la política del mínimo esfuerzo para no cansarme y desgastarme es lo mejor y con ello, hemos construido esta generación que ahora la sufrimos.

Roban con gran desfachatez, secuestran insensibles al dolor no solo del secuestrado, sino de todo el daño que infringen a toda la familia y amigos, torturan indiferentes al sufrimiento que están provocando, chantajean, amenazan, mienten, asustan y asesinan quitando vidas como si fueran dioses que pudieran hacerlo sin consecuencia alguna.

En algún momento gran parte de esta generación se ha convertido en mutantes sin sentimientos, en zombis sedientos de sangre, insensibles al dolor, asesinos sin distinguir edades; les da igual matar a un niño que a un anciano, o a una mujer aunque esté embarazada.

Un arma en sus manos les da el valor de enfrentarse con quienes no la tienen y sin pensar mucho, o simplemente sin pensar, disparan.

Nos roban la paz, asesinan nuestra tranquilidad, torturan nuestros sentimientos, secuestran nuestra esperanza, y no son otra cosa que humanoides miembros de una generación que cada vez se degenera más y lo peor es que esto no va a parar porque no conocen límites y el germen de la violencia se lo inoculamos nosotros mismos con tanta violencia a la que exponemos a nuestros niños en el cine, en los juegos de video, aparentemente inofensivos, pero que insensibilizan al infante que se acostumbra a la sangre, a la muerte, que no identifica dolor sino poder y fortaleza en someter, herir, torturar y matar al otro, hemos convertido a la TV y a las tabletas en modernas e insensibles nanas sin criterio de nuestros niños.

La estadística nos indica que ha crecido la pornografía, la drogadicción, el alcoholismo entre menores y que ahora las mujeres toman igual que los hombres; los adolescentes tienen sexo cada vez a más tierna edad, juegan a ser grandes, pero cuando vienen las consecuencias optan por asesinar al producto de su juego sin que nadie les diga que hay edad para todo y el sexo también tiene su tiempo y lugar, creen solucionar todo con un condón que se convierte solo en un evasor del momento.

Todo se vale, todo se puede dicen quienes se aventuran a vivir sin restricciones su libertinaje disfrazado de libertad.

Les hemos dado mucha información y muy poca formación, hemos alimentado su disco duro con datos y más datos y con muy poco criterio, con escasísimos valores.

Cada vez hay más papás de asesinos, cada vez hay más papás de asaltantes, papás de secuestradores, papás de narcotraficantes, papás de violadores, cada vez hay más papás de drogadictos.

El resultado está aquí: los malvados tienden a hacer el mal; eso entre comillas es normal, pero y los que supuestamente estamos del otro lado, “los buenos” alimentamos los deseos de venganza, odio, aborrecimiento, rencor y los queremos ver muertos, lastimados, deseamos que sufran también, los linchamos, los quemamos y entonces nos convertimos en iguales a ellos. Apelamos a la palabra justicia y nos olvidamos de ser humanos, de ser cristianos, hacemos lo mismo que ellos alegando defender lo bueno pero no nos distinguimos de ellos por la saña y la rabia depositada en aquellos a los que queremos desaparecer, pero primero, que sufran.

Si estos sentimientos siguen extendiéndose, a muy corto plazo ya no habrá diferencia entre unos y otros. Y como en otras ocasiones les he comentado, hoy lo repito, ni las cárceles ni los cementerios alcanzarán para albergar a todos aquellos que delinquen o son víctimas de la delincuencia.

Por ello la pregunta es, ¿qué vamos a hacer todos?, no solo las autoridades, no solo el gobierno, todos, ¿qué vamos a hacer?

Por favor te pido que te hagas la pregunta y la reflexiones solo, y con tu familia, y la respondas y tomes las mejores decisiones para tu vida y la de tus seres queridos.

Es hora de dejar de pedir que cambien los que gobiernan si no cambiamos primero y positivamente nosotros. Esto es; es muy importante que ellos cambien para bien, pero es imprescindible que nosotros también cambiemos positivamente y dejemos la simulación y demostremos con verdaderos hechos nuestro amor a Tabasco, a México.

Es imperativo que quienes nos decimos cristianos empecemos a serlo y la única manera de hacerlo es viviendo los criterios de Cristo, si no, solo seremos cristianos de nombre y eso no sirve para nada, es como quien va a la universidad y obtiene calificaciones copiando y comprando a los maestros; tendrá un título, pero nunca será el profesionista que ampara ese título porque no tiene el conocimiento y por lo pronto no podrá practicar exitosamente lo que dice ser.

Hago una convocatoria amplia a las ONG’s, AC’s, fundaciones, cámaras empresariales, y organizaciones de derechos humanos y a los partidos políticos para que realicen foros, impartan charlas, traigan conferencistas, den talleres y aborden el tema por todos los medios posibles.

Convoco a las universidades, preparatorias, secundarias y todas las expresiones de educación para que en todos los foros posibles aborden estos temas desde el punto de vista de prevención. 

Convoco a las iglesias a trabajar en estos temas a fondo con sus feligreses, en sus misas, servicios religiosos, retiros, y cualquier momento que tengan para que permee el mensaje de los valores humanos. Se que muchos lo hacen , pero en estos momentos, se trata de que todos apuntemos nuestras baterías al mismo lugar y al mismo tiempo para no lograr efectos aislados sino más bien una gran ola que pueda hacerse sentir en la actitud de las personas a las que podemos influenciar.

Señores, estamos viviendo una verdadera emergencia antropológica, nos estamos quedando sin familia, sin verdaderos seres humanos y en su lugar tenemos esta deformada masa de individuos sin alma, sin límites de ambición, dispuestos a todo por un puñado de pesos, en donde la vida cada vez vale menos ya que te la pueden quitar con más facilidad y sin siquiera reflexionar la acción.

A grandes problemas, reacciones mayúsculas; exijo al Gobierno que haga lo suyo y lo haga bien y eficazmente, con resultados positivos y palpables y repito la convocatoria a que la sociedad congregada como dije en iglesias y diferentes grupos, sumemos de manera vasta, sin colores, ni tintes de grupo, en la gran cruzada por nuestro Tabasco, el edén perdido que todos queremos recuperar.

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