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‘El Neocatarismo’

20/Sep/2018 | Por: Mtro. Roberto Valencia | robertovalenciaaguirre@gmail.com


Los cátaros (puros) fueron un problema muy fuerte en la edad media, alrededor del año 1119, sobre todo en el sur de Francia. No hay claramente una “doctrina” cátara, pues los documentos que se conocen sobre ello, provienen de sus enemigos, los inquisidores. A grandes rasgos puede decirse que son una mezcla de maniqueísmo (la idea que unos son puros, mientras que los que no cumplen ciertas observancias, no lo son) + docetismo (niegan la encarnación de Jesucristo, como Hijo de Dios) + gnosis (doctrina de conocimiento para algunos cuantos iluminados) + huellas de metempsicosis hindú (jamás mataban animales).

Con tal mezcla doctrinal, perdían sentido los dogmas de la iglesia católica como la encarnación, pasión y resurrección de Jesús. El Antiguo Testamento derivaba en una serie de enseñanzas sin conexión con la salvación, meras prescripciones y ritos. Dado que la materia para los cátaros es mala, estaban en contra de los sacramentos, especialmente la eucaristía. Había perfectos y creyentes. Solo los perfectos se salvaban. Los creyentes podían hacer una vida de cuánto les viniera en gana: comer carne, ir a los templos, recibir sacramentos, casarse, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, pues así no tendrían procreación –la procreación era obra de satanás, pues suponía la “mancha” del pecado carnal, ni qué decir del placer venéreo-; debían zafarse del servicio militar y renunciar a cualquier juramento. Prohibían el uso de signos exteriores como la cruz, imágenes, reliquias.

¿Por qué cundió el catarismo? Por la desigualdad económica y la desigualdad espiritual. Los nobles inmensamente ricos no compartían sus riquezas, lo que generó una ideología contra ellos como avaros, impuros, idólatras mientras que quienes “renunciaban” a las riquezas de este mundo, eran puros y perfectos. Las riquezas espirituales estaban encerradas en los conventos y para los monjes, quienes se reservaban para sí la “alta espiritualidad” dejando a los fieles arquitectónicamente separados de lo “sagrado” por medio de los templos, monasterios, catedrales. Los canógicos representaban ese poder clerical de lo misterioso y sagrado reservado para los “privilegiados”.

La falta de atención pastoral por el descuido de los obispos a sus diócesis permitía toda clase de desvarío de sus sacerdotes; la catequesis inadaptada a la realidad, con categorías de ángeles y demonios. Eran desviaciones doctrinales que terminaban proyectando sobre el pueblo creyente, distorsiones de la idea de Dios, de la Religión y de la Iglesia. Los monjes predicando por las nubes y sin relación con el pueblo sencillo. Una falsa educación sexual, que deja la impresión al pueblo que el acto sexual es malo en sí mismo, que la mujer es algo vil y todas las derivaciones negativas del placer, el erotismo y las funciones normales del cuerpo, son satanizadas. San Pedro Damián declara que el coito en sí mismo es una mancha que sólo se justifica para la procreación! San Bernando aparece como un emblema del misogenismo característico de la edad media. Pasarán siglos para que los franciscanos, dominicos y luego los jesuitas, echarán atrás la visión moral “cátara” e hicieran posible algo más humano, una buena teología del cuerpo y del matrimonio. Desde luego que colocaran en su justa medida la situación de la mujer.

Como vemos, la herejía cátara no solo era anticristiana, sino también antisocial. Hoy el Papa Francisco alerta al mundo cristiano sobre una oleada de “clericalismo” que está cundiendo en seminarios, diócesis, colegios, universidades católicos y grupos eclesiales, fecundada por no pocos obispos ultraconservadores, bajo el delicado manto de la “teología de la prosperidad”.

Establecen una distinción entre el pueblo culto y el pueblo pobre. El primero favorecido con fenómenos como el escarchamiento (brillos en la piel) dones pseudoespirituales (arrebatos, visiones, “lenguas nuevas”) y que se distinguen por largas horas de “oración” que tienen como premio tales dones. En cambio el creyente de a pie, el ordinario, no participa de tales goces espirituales. El catarismo no es nuevo. En la tradición católica siempre han existido polos diversos para expresar la fe. Toca discernir y abrazar lo verdaderamente santo y agradable a Dios. Cada época histórica, tiene sus propios fenómenos espirituales. Aprendamos a distinguir lo que viene de Dios y lo que viene simplemente, de las modas espirituales.

Mtro. Roberto Valencia
Filósofo y Teólogo
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