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NOS ASESINARON A TODOS

Por: Jesús Sibilla Oropesa

20/Jun/2013 | Por:

Mira el apunte de Jesús Sibilla, aquí:

Cuanto dolor, cuanta rabia, cuanta impotencia, cuanta ansia, cuantas ganas de gritar, de insultar, de devolver golpe por golpe.

El asesinato múltiple sucedido en Ixtacomitán es un asesinato mayor, es atentar en contra de la sociedad Tabasqueña de todos los estratos sociales en general.

Es balacear nuestra libertad y sueños, a nuestras familias, a nuestro hogar, es matar a lo más frágil y a la vez más fuerte, a nuestras mujeres.

Es degollar a nuestro esfuerzo, a nuestras aspiraciones, a nuestro trabajo, a nuestras aspiraciones de superación.

Es asfixiar a nuestros valores, a nuestra imaginación, a nuestra alegría, a nuestra niñez, a nuestro futuro, a nuestra posibilidad de llegar a ser.

Asesinaron el cariño de la familia, los sueños y aspiraciones, proyectos y planes de ellos y de quien con ellos laboraba.

Y ellos, los asesinos se suicidaron en cada una de la personas de las que privaron la vida ya que se han convertido en zombis, muertos vivos que ya no sienten, que han perdido toda noción de humanidad, todo rastro de sentimientos, cero piedad.

Dos mujeres jóvenes y una bebita que no podía hacer ningún mal, han sido eliminadas de la posibilidad de la alegría, el cariño y los sueños de este mundo y ha sido de forma inexplicable, porque no encuentro un explicación para actuar de esta manera tan salvaje de la que ni los animales actúan.

Lo hecho, hecho está, y solo nos queda a unos y otros tomar el magisterio de lo ocurrido.

Los cercanos, el duelo, el llanto, la rabia, el “por qué”, y buscar también el consuelo, la paz, el sosiego, el motivo para seguir adelante, el nuevo empezar, la nueva luz que apenas se distingue pero que seguro ahí está.

A los no cercanos compartir el “por qué”, el buscar una explicación a lo inexplicable, el condolernos, la solidaridad, la oración, el auxilio, el consuelo.

Pero todos, debemos, creo, buscar la enseñanza que el grave suceso nos deja, que la muerte de estas tres personas sirva y a muchos, que nos sacuda no solo en los sentimientos, sino más allá que abofetee nuestras conciencias y nuestra capacidad de reflexionar.

¿No creen que ya es suficiente? ¿no creen que estamos llegando al fondo del pozo en donde ya no se ven luces? ¿no creen que efectivamente, somos más los buenos pero poco a poco los que actúan mal cada vez son más?

Es cierto que la autoridad tiene que hacer su trabajo, pero, ¿se han puesto a pensar de donde salieron estas personas que asesinan, torturan, mutilan, secuestran, roban y violan?

Por supuesto, de una familia, ¿que cómo fue esta? Eso es otra pregunta. Que no conoció a su padre, que su entorno fue de alcoholismo o drogadicción, de golpes y gritos, de pobreza o miseria, que la madre estuvo ausente, que fue abusado desde pequeño, que sus padres se divorciaron.

Todo esto es lo que puede tal vez haber rodeado a estas personas cuyo corazón fue endureciendo poco a poco y que a fuerza de golpes y carencias, de decepciones y traiciones se transformó a la insensibilidad y se blindó a los sentimientos que subliman y que nos convierten en humanos.

¿Qué hemos hecho? Pareciera que todas nuestros esfuerzos se han orientado al progreso científico y tecnológico, a ganar dinero unos para obtener cosas y otros a trabajar para sobrevivir con sueldos miserables, olvidándonos de construir a la persona humana.

¿Que clase de sociedad hemos construido? Y si, los medios de comunicación tienen su parte al fomentar falsos valores y haber ubicado a la felicidad en satisfactores que no satisfacen, cosas que pasan y aburren, olvidándonos de aquello que nos hace ser humanos y que nos invita a la trascendencia que plenifica.

Hemos convertido en normal todo aquello que nos va deslizando poco a poco a la degradación humana hasta acostumbrarnos a las noticias terribles y a ver como el efecto de ello, es la destrucción de los matrimonios y la creación de la disfuncionalidad familiar creando seres que buscan y no encuentran los modelos que forman a la persona que se dona, para entonces convertirse en producto del egoísmo que engendra egoísmo y con ello soledad, vicio y necesidades materiales que pretenden sustituir al amor por el sexo, a la droga por la familia, al dinero por la cultura y vamos así buscando escapes que nos deterioran como persona que impacta fuertemente en la sociedad y la convierte primero en permisiva, consumista, narcisista y hedonista y luego en prepotente, corrupta, ladrona, chantajista y asesina.

Mi llamado es pues a las familias primero y al Estado después, para que las primeras busquemos ayuda de cómo educar, que no es informar a sus hijos, y al Estado y a los municipios para que faciliten la ayuda a las familias, creo es el momento de impactar positivamente por los medios de comunicación con información que forma y no solo informa, es el momento de hacer un ejército de psicólogos y terapeutas que puedan dar talleres y charlas en las villas, poblados y ciudades, y que en el esquema de los centros de salud, se incluya a profesionales que puedan auxiliar y orientar correctamente a quien se acerquen a ellos.

Y también me quiero referir a las expresiones religiosas diversas para que como nunca, se metan al trabajo del SER, al rescate de valores, a laborar con intensidad con la familia, a ocuparse en la formación del noviazgo que es el gran antecedente del matrimonio y si se construye bien, se le podría despojar del carácter de desechable con el que hoy le han vestido las nuevas generaciones y que lleva a los contrayentes a matrimonios light y por lo mismo a familias disfuncionales que muchas veces son el cultivo de futuros maleantes.

Ojalá que estas vidas que el crimen ha arrebatado a sus familiares y amigos, no sean en vano y en cambio sean el detonante de una revisión personal primero y luego de un punto de partida que podrá ser lento, pero seguro.

Solo nosotros podremos salvarnos a nosotros mismos, seguridad pública solo detiene a los delincuente y un juez los condena, pero el problema recuerden no está allí, sino desde el origen, desde la formación desde la familia, la escuela y el templo.

No hacemos nada lamentándonos mostrando indignación y comentando este espantoso hecho, hay que actuar en consecuencia.

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