Obsequia León XIV rosa de oro a la Virgen de Lourdes durante su visita al Santuario mariano

Rogó por una Francia libre de violencia y con empleo

En su segundo día del viaje apostólico que realiza por Francia, el papa León XIV visitó el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, donde rezó en la Gruta de Massabielle, mejor conocida como la Gruta de las Apariciones de la Virgen María a Santa Bernardita en 1858.

Lugo de unos momentos de oración de rodillas frente a la imagen de la Virgen de Lourdes, el sumo pontífice bebió un vaso de agua del manantial y encendió un cirio en el candelabro de este sitio.

Posteriormente, dirigió una oración donde recordó que, en ese sitio, la Virgen de Lourdes habló con dulzura y ternura a Santa Bernardita, para transmitirle un mensaje de oración, conversión y esperanza, convirtiéndose en patrona en Francia.

“Te rogamos, Señora nuestra, por Francia, de la que eres patrona y a la que durante tantos siglos has rodeado con tu protección. Obtén para su pueblo el don de la concordia fraterna. Que construya una sociedad armoniosa, libre de toda violencia y de todo odio, en la que cada persona pueda trabajar, formar una familia y vivir su vida hasta el final con tranquilidad y serenidad”, dijo.

En otro momento, el jerarca católico encomendó a los más pobres y pidió a la Virgen María que renueve la fe y el fervor de las familias cristianas y dé auxilio a quienes atraviesan dificultades.

“Que los más desfavorecidos y los pobres encuentren siempre apoyo. Obtén para Francia gobernantes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio de sí mismos, capaces de afrontar los desafíos y decididos a servir al bien común. Que conserven al país en paz en el concierto de las naciones. Que hagan oír su voz en defensa de los derechos humanos fundamentales y de la paz en el mundo, rechazando para siempre las lógicas de la guerra”, manifestó.

Finalmente, encomendó a los jóvenes de Francia al amor materno de María y de todos aquellos que llegan a la Gruta de las Apariciones, en busca de fortaleza y curación.

“Concede a tu Iglesia en Francia mostrar, particularmente a los más jóvenes, el camino luminoso del Evangelio, para que puedan edificar la sociedad justa y fraterna que anhelan. Por último, Madre amantísima, te presentamos nuestras intenciones personales más urgentes, en particular las de las personas enfermas y las que sufren, así como las de todos los que las acompañan: han venido juntos hasta aquí para alcanzar fortaleza y curación de la fuente de Massabielle”, apuntó.

Tras concluir su oración, el sucesor de San Pedro obsequió a la Virgen de Lourdes una rosa de oro, que solamente los sumos pontífices pueden hacerle.