"Borderline", un trastorno que afecta a muchos jóvenes

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Los terapeutas conductuales que nos dedicamos a la atención de pacientes jóvenes, hemos estado observando el incremento en la agresividad de hijos a padres y la repercusión que tienen estas conductas en la relación patológica familiar.  Ya hemos escrito sobre los hijos “Emperador o Tiranos”, cuyo comportamiento nos parece intolerable y que percibimos como el resultado de la influencia de la conducta agresiva de los padres para con los hijos o, de la sobreprotección que muestran al educar a los hijos dejándolos que actúen sin reglas ni disciplina. 

La violencia filio-parental es una variante de la violencia intrafamiliar. Mientras que la violencia intrafamiliar puede ser ejercida por cualquiera de los integrantes de un núcleo familiar hacia otro, la violencia filio-parental es aquella a través de la cual un hijo exhibe conductas de maltrato contra sus progenitores, de forma consciente e intencionada, a lo largo de un tiempo y en repetidas ocasiones lo que viene a causar daño y sufrimiento en los mismos. La víctima, en muchos casos, no se siente amenazada, ni tiene consecuencias aparentes, sin embargo, el daño o perjuicio, sigue existiendo. La violencia ejercida puede ser psico-emocional, física o económica y consigue causar en los padres una pérdida de autoridad, autoestima y una frustración en sus aspiraciones educacionales. Los hijos suelen llevar a cabo estas acciones con el fin de conseguir control, dominio y poder sobre sus progenitores para obtener lo que desean.  

Cuando muchos de estos jóvenes reúnen ciertas características de conducta y alteran la convivencia familiar de manera preocupante, son llevados al consultorio psicológico y muchas veces a atención psiquiátrica puesto que los padres se sienten incapaces de controlar o ejercer una adecuada autoridad sobre los hijos. 

Este trastorno nos muestra el padecimiento de una patología que se caracteriza por un patrón de inestabilidad en el estado del ánimo y en las relaciones interpersonales, con ira inapropiada y muy intensa, autolesiones y conductas impulsivas, incluidos frecuentes intentos de suicidio.  Se diagnostica con certeza hasta la edad adulta, cuando las características propias de la forma de ser de los sujetos se han consolidado; no obstante, puede haber indicios desde la adolescencia.  Los individuos que lo padecen son emocionalmente reactivos, impulsivos, irascibles y explosivos, el trato con ellos es complicado y generalmente quienes están a su alrededor tienden a alejarse.  El TLP tiene un dato clínico que se presenta invariablemente: la sensación crónica de vacío que el afectado no puede llenar con nada ni con nadie. Se destaca que cerca del dos por ciento de la población mundial lo padece. 

El trastorno se presenta en mayor proporción en mujeres, con casi 75 por ciento de los casos, y a quienes lo padecen se les llega a considerar individuos de mayor riesgo o peligro, porque tienden a la agresividad y a veces a la violencia física; son irritables, impulsivos, irascibles y explosivos. El trato con estas personas es complicado y generalmente quienes están a su alrededor tienden a alejarse.  En el TLP los cambios en el estado de ánimo usualmente son reactivos, es decir, responden a algún problema o situación ambiental. Generalmente se relacionan con problemas con la pareja, los padres, la familia o con alguna noticia impactante.  

Con frecuencia se le confunde con otro trastorno, el del padecimiento de la bipolaridad tipo 2, por la inestabilidad del estado de ánimo, pero en este último no cambia de un momento a otro y en el borderline sí, es decir, el paciente puede pasar de la tristeza a la euforia o agresividad de manera inmediata.  

Para que se dé el trastorno límite de la personalidad debe existir un componente genético, pero también contribuye el ambiente. Algunos estudios refieren que ciertas crisis o eventos de la vida pueden ser un factor de riesgo para desarrollarlo, cito, como ejemplo, el abuso sexual en la infancia, sobre todo si fue repetido y constante. En este tipo de situaciones hay una gran reactivación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA), que se vincula con las reacciones al estrés. Sin embargo, no todas las personas que han sido expuestas a un abuso sexual desarrollan trastorno límite, ahí es donde entra la parte hereditaria y es cuando en un cerebro vulnerable una condición de vida grave puede derivar en este padecimiento mental. En algunas investigaciones se ha demostrado la presencia de cambios en ciertas áreas del cerebro relacionadas con la regulación de las emociones, la impulsividad y la agresión. Además, algunos químicos cerebrales que ayudan a regular el humor (como la serotonina) quizás no funcionen de manera adecuada. 

El diagnóstico se estructura con base en un interrogatorio a los pacientes y a las personas que los acompañan que generalmente son los padres. Se aplica al paciente una batería inicial de pruebas psicométricas de personalidad y se observan ciertas características que puedan llevar a detectar el trastorno de personalidad. 

El trastorno límite de la personalidad puede dañar muchos aspectos de la vida. Puede afectar negativamente las relaciones íntimas, el trabajo, el estudio, las actividades sociales y la imagen de sí mismo y dar como resultado lo siguiente: 

-        Cambios o pérdidas del puesto de trabajo frecuentes 

-        No finalizar su formación educativa 

-        Múltiples problemas legales, por ejemplo, ser condenado a prisión 

-        Relaciones conflictivas, problemas en su matrimonio o divorcio 

-        Causarse daño a si mismo, como cortes o quemaduras, y hospitalizaciones frecuentes 

-        Involucrarse en relaciones abusivas 

-        Embarazos no planificados, infecciones de transmisión sexual, accidentes automovilísticos y peleas debido a una conducta impulsiva y riesgosa 

-        Intento de suicidio o suicidio logrado 

Además, podrían sufrir otros trastornos mentales, por ejemplo: Depresión; Consumo inadecuado de alcohol u otras sustancias; Trastornos de ansiedad; Trastornos de la alimentación; Trastorno bipolar; Trastorno de estrés postraumático (TEPT); Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y Otros trastornos de la personalidad. 

Para su tratamiento no existe en si, un  medicamento específico, la base es una psicoterapia formal y sistematizada, realizada por  terapeutas profesionales con experiencia en el manejo de personas borderline. En ciertos casos, se llega a usar medicamentos para controlar algunos síntomas, sobre todo, si es difícil controlar al paciente por su agresividad. Por tratarse de un padecimiento crónico que afecta la personalidad, la mejoría es variable y depende del paciente, del tipo de psicoterapia, de la intensidad de los síntomas, de la red  familiar y social de apoyo. Se debe proporcionar terapia a  la familia para brindarles herramientas que ayuden a enfrentar manifestaciones como la impulsividad, agresividad, autolesiones, intentos suicidas o crisis explosivas por intolerancia a la frustración. 

Psic Sara Leticia Campos Chavolla Consultorio Torre Médica Av. Méndez 1110 Segundo piso. Tel 9933141178  Cel 9931498830