El terrible daño psicológico que ocasionan los paparazzi virtuales

Foto: Klaus Hausmann en Pixabay

 

Los paparazzi y el daño que han causado en muchas celebridades, siguen llamando nuestra atención. Algunos son contratados y otros de manera independiente, buscan mediante fotos y videos evidenciar a los famosos. Paparazzo es una palabra de origen italiano que se usa para denominar al que tiene una conducta de fisgón, entrometido y sin escrúpulos mientras ejerce su oficio de fotógrafo. El nombre es debido al personaje Paparazzo de la célebre película de Federico Fellini llamada La dolce vita. Fellini explicó que paparazzo era el apelativo de su compañero de pupitre en la escuela primaria de su ciudad natal, Rimini, y que era un amigo suyo. En dialecto, paparazzo quiere decir «mosquito» y entre los niños etiquetaban con ese nombre a los que hablaban atropelladamente, como el zumbido de un mosquito, y eran muy inquietos, nerviosos, molestos y que interrumpían a los demás. De todas maneras, Fellini se divertía dando diversas versiones sobre el origen del nombre de su personaje. Los paparazzi han provocado la molestia de figuras públicas y se les ha acusado de provocar accidentes como el de la princesa Diana de Gales. 

Es común encontrar en páginas de Internet, gratuitas o de costo, fotos de celebridades en situaciones incómodas, desde simples accidentes o descuidos físicos hasta desnudos o escenas sexuales. El maltrato psicológico a los famosos ocasionado por los paparazzi, ha propiciado dolor, sufrimiento, daño en la imagen pública de varias personas, incluso, intentos de suicidio. Para algunos, el hecho de que su vida privada se ventile y que esté rodeada de situaciones comprometedoras, despierta el morbo, el chisme, y la crítica de la gente. Para varios de ellos, esto significa el fracaso, la humillación y llegan en casos extremos los divulgadores, a terminar con su carrera artística, logrando la ruina económica. Lo más terrible es el gran daño psicológico que los convierte en víctimas de la sociedad misma. Si la persona es desprestigiada o exhibida en situaciones penosas, vergonzosas o comprometedoras, suele venir como consecuencia el rechazo de sus fans o de la opinión pública en general. 

Algo muy similar sucede ahora con los paparazzi virtuales a nivel global. No cabe duda que el uso de las redes sociales, facilita la divulgación inmediata de hechos que se convierten en virales, vistos por una gran cantidad de personas que forman su criterio dependiendo del informante y de los hechos divulgados. Todos estamos ahora expuestos a ser grabados, filmados o fotografiados y nuestra intimidad se pierde, estamos a merced de ser captados y luego enterarnos de que ahora, en cuestión de segundos, somos observados por conocidos y desconocidos con las consecuencias que ello implica. ¿Pero qué sucede cuando la fama y la buena imagen de los expuestos se ve afectada por hechos bochornosos o por eventos comprometedores que los dañan? Lo más seguro en que vengan diversas reacciones dependiendo de las personas, la empatía o la percepción que se tenga de los acontecimientos. 

El rechazo y el desprecio comparten los mismos circuitos neuronales que el dolor físico. Por eso, cuando nos desprecian y rechazan, el dolor que experimentamos no es sólo emocional, sino que también lo sentimos a nivel físico. Esos rechazos no sólo duelen, sino que se graban con fuego. Somos capaces de rememorar con especial viveza el dolor que sentimos cuando nos rechazaron. Podemos traer a colación cada detalle y revivimos la situación con una intensidad emocional bastante parecida a lo que sentimos en su momento. O sea, mientras que el recuerdo del dolor físico va atenuándose, el recuerdo del rechazo se mantiene bastante nítido en nuestra memoria. No podíamos sobrevivir en condiciones tan adversas, por eso nuestro cerebro ha desarrollado una especie de sistema de alerta para avisarnos del riesgo de ostracismo. Así podremos corregir nuestra actitud cuanto antes para no perder el apoyo y la protección de la gente. No obstante, sufrimos las consecuencias del rechazo. Necesitamos los vínculos sociales, pero no tenemos que aferrarnos a personas que nos hagan sufrir. 

El ascenso inmediato a la fama mundial y el posterior confrontamiento contra la cruda realidad que después se sufre es muy común a la hora de hablar sobre estrellas del pop. Es muy complicado gestionar el éxito si no se tienen los pies en la tierra y se está rodeado de las personas correctas, desde luego. Cada vez salen a la luz más y más casos sobre artistas cuyas vidas personales se han visto gravemente perjudicadas ya no tanto por las decisiones que tomaron o dejaron de tomar, sino por el mundo cruel y despiadado que les rodeaba. Britney Spears es uno de estos ejemplos, y el documental producido por The New York Times lo explica con todo tipo de detalles a raíz del movimiento online #FreeBritney. 

La carrera profesional de Britney es conocida por todos, con sus altibajos y sus rachas correspondientes. Salta a la fama en 1998, una joven de dieciséis años. El tiempo va pasando y, de pronto, la marca Spears se vuelve millonaria y, por lo tanto, atractiva para muchos empresarios sedientos de dinero. La llamada Princesa del Pop se convierte en todo un fenómeno de masas que se traduce en una máquina capitalista de generar billetes, deshumanizando por completo a la persona real que se encontraba detrás en ese momento. En ese sentido, los medios de comunicación se obsesionaron de repente con Britney Spears, dando lugar a la relación más tóxica y peligrosa que toda estrella puede experimentar: la de los paparazzi. A los 20 años su privacidad se anula por completo y se vende a merced de las revistas y los periódicos más importantes del mundo. Un paparazzo explica que entre Britney y las cámaras existía una relación en la que ambos se necesitaban. Es cruel escucharle hablar con tanta frialdad sobre una situación en la que claramente se muestra a una persona fuera de sí y con una actitud agresiva causada por el malestar provocado por estos flashes constantes que la acompañaban hasta la puerta del baño de cualquier sitio al que fuera. 

A partir de ese fatídico año 2007 para Britney, la vida personal de la estadounidense cayó en picada o, al menos, eso es lo que nos hicieron pensar a todos a través del linchamiento público al que la sometió la prensa. Divorcios, pérdida de la custodia de sus dos hijos, alcoholismo, desestabilidad emocional y un sinfín de supuestas catástrofes que los titulares se encargaban de remarcar en las portadas. De lo que hoy nos damos cuenta es que la gran mayoría de esos artículos incendiarios iban firmados bajo infranqueable machismo, el cual era capaz de tachar sin miramientos a Britney de mala madre y pareja mientras no se hacía lo mismo con hombres de su vida igual de famosos como Justin Timberlake. Actualmente Britney no tiene ningún control a la hora de tomar decisiones sobre su patrimonio o vida personal por haber sido declarada inestable o incapaz de hacerlo por sí misma. Es su padre quien se encuentra al mando de esta especie de tutela en la que lleva encerrada Spears desde 2008. 

Casos como este deben servirnos para extremar las precauciones y cuidar a aquellos jóvenes vulnerables que creen que tienen el mundo en sus manos y no saben muy bien qué hacer con él. Cuando se sufre de rechazo social, se vive con una herida emocional que muchas veces nos obliga a alejarnos de los demás o incluso a caer en la desadaptación y la depresión.

Psic. Sara Leticia Campos Chavolla. Torre Médica Av. Méndez 1110 Segundo piso  Tel 9933141178 y Cel 9931498830