Esta es época de reflexión y de cuentos navideños
Contar cuentos a los niños tiene diversos beneficios. Esta época navideña en confinamiento, es una gran oportunidad para, en unión familiar, estimular la fantasía y los sueños de los niños. Incursionar en el mundo de la lectura les ayuda a que venzan sus miedos, a ejercitar la memoria, a mejorar su capacidad de atención y a recordar cosas desde temprana edad. Los cuentos despejan la mente y les permite dormir tranquilos. Amplían la capacidad de comprensión y percepción de los niños, se estrecha la relación entre el que los cuenta y el que los escucha y ayuda a desarrollar la imaginación de los más pequeños.
Los cuentos de Navidad suelen tener una atmósfera mágica, llena de valores y sentimientos acordes a la época navideña. Hoy te comparto un comentario sobre estos tres cuentos clásicos que a todos debemos conocer.
La canción de Navidad de Charles Dickens
La cerillera de Hans Christian Andersen
Era la última noche del año y mientras todas las familias se preparaban para sentarse a la mesa rodeados de ricos manjares, en la calle estaba descalza ella: la joven vendedora de cerillos. La pobre llevaba el día entero en la calle, sus huesecitos estaban ateridos de frío por culpa de la nieve y lo peor de todo es que no había conseguido ni una sola moneda.
-¡Cerillos, cerillos! ¿No quiere una cajita de cerillos señora?
Pero la mayoría pasaban por su lado sin tan siquiera mirarla.
Cansada, se sentó en un rincón de la calle para guarecerse del frío. Tenía las manos enrojecidas y casi no podía ni moverlas. Entonces recordó que tenía el delantal lleno de cerillos y pensó que tal vez podía encender una para tratar de calentarse. Lo encendió con cuidado y observó la preciosa llama que surgió delante de sus ojos. De repente apareció en el salón de una casa en el que había una gran estufa que desprendía mucho calor ¡qué bien se estaba allí! pero el cerillo se apagó rápido y la estufa desapareció con ella.
- Probaré con otro, pensó la niña.
En esta ocasión vio delante de ella una gran mesa repleta de comida y recordó los días que llevaba sin probar bocado. Alargó la mano hasta la mesa para tratar de llevarse algo a la boca y…. ¡zas! Se apagó el cerillo. Eran tan bonitas las cosas que veía cada vez que encendía uno, que no se lo pensó dos veces y encendió un tercer cerillo.
- ¡Oooohhh!, exclamó la niña con la boca abierta. Que árbol de Navidad tan grande, y cuantas luces… ¡es precioso! Se acercó a una de ellas para verla bien y de golpe desapareció todo.
Rápidamente buscó un nuevo cerillo y volvió a encenderlo. En esa ocasión apareció ante ella la persona a la que más había querido en el mundo: era su abuela.
- ¡Abuelita! ¡Qué ganas tenía de verte! ¿Qué haces aquí? No te vayas por favor, déjame que me vaya contigo. Te echo de menos… y consciente de que el cerillo que tenía en su pequeña mano estaba a punto de apagarse, la pequeña siguió encendiendo cerillos hasta que agotó todos las que le quedaban, instante en el cual la abuela cogió dulcemente a la niña de la mano y ambas desaparecieron felices. La pequeña dejó de sentir frío y hambre y empezó a sentir una enorme felicidad dentro de sí.
A la mañana siguiente alguien pasó junto al mismo sitio en que la pequeña se había sentado y la encontró allí, rodeada de cerillos apagados, inmóvil, helada por culpa del frío, pero con una sonrisa inmensa en su cara.
- ¡Pobrecita!, exclamó al verla
Pero lo que no sabía nadie es que la pequeña se marchó feliz, de la mano de su abuelita, hacia un lugar mejor.
Recuerdo de Navidad de Truman Capote
Buddy es un niño de siete años que desembarca en el hogar de unos parientes lejanos en Alabama. Su Buddy representa la infancia del autor), no consigue adaptarse, sus parientes lejanos, tíos y primos son severos, estrictos y muy religiosos, Buddy pasa mucho tiempo solo hasta que traba amistad con una de sus primas lejanas, una excéntrica y alocada mujer de cierta edad que dará pie a una bellísima historia de cariño entre los dos. Relegados por el resto de parientes, los dos esperan con impaciencia la Navidad, un periodo que disfrutan especialmente y en el que invierten el poco dinero que han ido ahorrando a lo largo del año. Compran todos los preparativos necesarios para hacer pasteles de fruta y regalarlos a conocidos, incluso tratan de enviarle también al presidente Roosevelt. Las condiciones de vida en la época de la Depresión y sobre todo en el medio rural sureño no son fáciles, los ingredientes difíciles de conseguir. Aun así logran abstraerse de las vicisitudes y disfrutar de cada momento juntos. Caminan durante horas hasta encontrar el abeto perfecto para hacer su árbol de Navidad y van acumulando recuerdos que muy difícilmente se borrarán de su memoria. El relato presenta un contraste brusco marcado por uno de estos periodos navideños en el que el padre de Buddy decide que éste pase la Navidad con él en Nueva Orleans, pero ya Buddy ha cambiado y no se deja impresionar por el esplendor de los regalos que su padre le ofrece mirando a través de los cristales de una tienda en la gran ciudad. El bien más preciado de Buddy será una cometa fabricada a mano por su prima coincidiendo Buddy en su regalo para ella. Mientras los demás miembros abren sus regalos, mucho mejores, en calidad material, que los que tienen preparados para estos dos primos, Buddy y su prima saldrán a volar las cometas que se convertirán en los objetos que avivarán los recuerdos una vez que Buddy tenga que marcharse a estudiar lejos.
Si a la lectura de los cuentos le agregas un té de frutas, una rebanada de tarta navideña y de fondo el típico canto de los villancicos, sin duda, pasarán una dulce velada en familia esperando al que nació un 24 de diciembre hace muchos años ya.
Psic. Sara Campos Torre Médica. Av. Méndez 1110 Segundo piso Centro. Tel 9933141178 Cel 9931498830