Algunos menores luchan contra la dislexia

 

Está concluyendo otro ciclo escolar. Es buen momento para evaluar a nuestros hijos y observar su rendimiento. Si tu hijo presenta problemas para el aprendizaje, puede tener dislexia.

 

 

Algunos de los niños presentan dificultad con las letras y los números y recibimos las quejas de sus maestros. Muchos papás se desesperan, creen que es flojera o distracción, pero muchas veces los menores tienen un verdadero problema. La dislexia es una deficiencia de la lectura, la escritura y el aprendizaje. Su causa es una alteración de las zonas cerebrales que controlan el lenguaje. Afecta a un 5% de los niños de 7 a 9 años, sobre todo varones. Se le atribuye una base genética y no está relacionada con su inteligencia.

 

 

La dislexia puede englobar mucho más: los componentes de la palabra “dislexia” vienen del griego dys, que significa “dificultad” y lexis “palabra”. Este trastorno abarca dificultades con las palabras o el lenguaje, e incluso con la ordenación de elementos como los días de la semana y las letras de una palabra. La dislexia es una incapacidad para organizar que afecta a la memoria inmediata, a la percepción y a la coordinación manual. Causa frustración a quienes la sufren. El cerebro humano es tan complejo que los científicos todavía no entienden a plenitud cómo procesa las señales sonoras y visuales que recibe. Muchos niños, que probablemente sean disléxicos, manifiestan una inteligencia normal pero presentan problemas infrecuentes en el aprendizaje de la lectura, de la escritura y de la ortografía. Muchos niños con esta anomalía a menudo escriben inversas las letras que intentan copiar, es decir, que las representan como si estuvieran reflejadas en un espejo. Desgraciadamente muchos pueden ser etiquetados como torpes y perezosos. Hay estadísticas que indican que una de cada diez personas padece dislexia. La incomprensión de los problemas a los que se enfrentan estos chicos aumentan su frustración.

 

 

 

 

Los efectos visuales suelen causar trastornos de aprendizaje, de modo que la dislexia que obedecen a estos problemas desaparece al corregirlos. Algunos estudiosos del tema ofrecen una explicación basada en la genética, en vista de que algunos disléxicos presentan antecedentes familiares a este problema.

 

 

La revista New, publicó recientemente los resultados de un estudio sobre “la conocida relación entre los genes que causan la dislexia”. Puesto que los disléxicos y sus familiares son más propensos a las enfermedades autoinmunes, los científicos suponen que los genes causantes de la dislexia se hallan en la misma zona del genoma que les ocasiona tales enfermedades.

 

 

Otros investigadores indican que el cerebelo de los niños disléxicos, manifiesta diferencias anatómicas. Por lo general, la parte posterior del hemisferio izquierdo es ligeramente más grande que la parte correspondiente del hemisferio derecho, pero en el cerebro las compensan los disléxicos, ambos hemisféricos presentan el mismo desarrollo. También hay quienes aseguran haber descubierto irregularidades en la disposición de neuronas de las zonas del cerebelo relacionadas con el lenguaje. Algunas regiones occipitales relacionadas con la vista, también se han visto alteradas. La tomografía ha evidenciado anomalías en los conjuntos de la materia blanca del cerebro.

 

 

¿CÓMO DETECTAR LA DISLEXIA?

 

 

Si responde afirmativamente a tres o cuatro preguntas del grupo de abajo es posible que el niño en cuestión tenga algún grado de dislexia:

 

¿Tardó mucho en hablar?

 

¿Todavía le cuesta trabajo leer (lectura deficiente y lenta) y escribir?

 

¿Le sorprende a usted su dificultad?

 

¿Le da la impresión de que en asuntos no relacionados con la lectura y escritura es despierto e inteligente?

 

¿Escribe invertidas las letras y las cifras?

 

Al aprender a sumar y restar, ¿tuvo que utilizar durante más tiempo que otros niños de su edad los cubos, los dedos o marcas en el papel?

 

¿Presenta fallas en su memoria a corto plazo?

 

¿Presenta gran dificultad para armar rompecabezas?

 

¿Le cuesta trabajo sostener el lápiz?

 

¿Confunde la derecha con la izquierda?

 

¿Trata de adivinar el texto más que leerlo?

 

¿Se pierde en la lectura, se salta las letras o palabras o se come frases?

 

¿Cambia las letras? B por la d, la p por la q, etc.?

 

¿Presenta alguna deficiencia auditiva?

 

¿Tiene dificultad en asociar los sonidos con las letras?

 

 

CARACTERÍSTICAS SECUNDARIAS:

 

 

No hay retraso mental ni inteligencia inferior a la media “normal”.

 

 

La incapacidad para leer se descubre solo después de que el niño ingresa a la escuela, parece ser “normal” cuando se le compara con otros niños de su misma edad. Los estados disléxicos son más comunes en los varones que en las niñas, con una proporción aproximada de 4 a 1. El problema parece estar genéticamente enlazado al sexo debido a que muchas veces el padre de los lectores disléxicos también tuvo dificultades en su infancia. Se puede notar una confusión general de orientación aun antes de que el niño entre a la escuela. Puede confundir los días de la semana, los meses, la hora, la distancia, el tamaño o la izquierda con la derecha. La coordinación motora es, por lo regular, deficiente. Le resulta difícil girar sobre su cuerpo o balancearse, es torpe para jugar con los juegos del parque o puede sostener el lápiz de una manera poco práctica. También se puede presentar un atraso en el habla y dificultades de la misma, sin embargo, esta puede ser asimismo normal. Por lo general su salud es satisfactoria. Sometido a exámenes neurológicos se puede descubrir, a veces, formas leves de algún mal funcionamiento, sin embargo, no se encuentra ninguna patología grave. El niño se siente cada vez más incapaz conforme se encuentra con su fracaso de lectura. Se siente “tonto” y desarrolla reacciones emocionales como respuesta a su derrota. Su autoestima se ve afectada.

 

 

Un asesoramiento especial con los métodos de enseñanza convencionales no ha ayudado al niño en el pasado; el mejoramiento de la lectura, aun con el paso de las semanas y los meses, es mínimo y no es equivalente al progreso normal. Tarde o temprano surgen reacciones emocionales secundarias en repuesta a los prolongados fracasos en la lectura conforme el niño intenta mantenerse al par con sus compañeros. Estas reacciones pueden manifestarse como: irritabilidad general, agresividad, reacciones evasivas, defensividad, retraimiento, problemas de conducta y otras más.

 

 

Aquí citamos algunos pasos a tomar por maestros y padres responsables, cuando sospechen un problema de lectura.

 

 

¿QUÉ HACER?

 

Obtener una estimación del nivel de inteligencia del niño mediante pruebas psicométricas.

 

Determinar el nivel actual de las habilidades de lectura del niño.

 

Investigar si el niño presenta alguno o todos los signos y características de una incapacidad específica de aprendizaje.

 

Examinar con cuidado la cualidad de la lectura oral del niño y determinar si invierte letras o palabras completas.

 

Buscar un psicólogo experimentado para la evaluación, diagnóstico, asesoría y tratamiento.

 

 

AYUDA DE LOS PADRES

 

 

Algunos padres de niños disléxicos se culpan del problema que sufren los hijos. Si éste es su caso, consuélese pensando que nadie es perfecto y que todos somos diferentes. Comience por admitir que tal como un niño daltónico necesita ayuda para sobrellevar su defecto, también la necesita su hijo disléxico. Usted en su calidad de padre o madre, desempeña un papel fundamental en la educación de sus hijos. Aunque por el momento no puede prevenirse ni curarse la dislexia totalmente, si es posible mitigarla y ello dependerá de las indicaciones del psicólogo y del asesor en educación especial. Los padres deben ser compasivos y animadores y sobre todo proporcionarles ayuda adecuada. Los padres pueden reducir los efectos de la dislexia si se ocupan sin estresarse ni angustiarse y a la vez disminuyen la tensión que sufre el niño.

 

 

AYUDA A LOS MAESTROS

 

 

La dislexia es un trastorno de aprendizaje. Por consiguiente, los profesores tienen que dedicar tiempo a los estudiantes disléxicos en sus clases y hacer un esfuerzo por ayudarlos. Es muy posible que un niño disléxico se convierta en adulto al que aún le resulte difícil leer en voz alta. Cuando los maestros observan cierto progreso en un alumno disléxico, debe motivarlo, decirle “Es verdad que has cometido algunos errores. Pero, aún así lo has hecho bien; has mejorado con respecto a la semana pasada. Teniendo en cuenta tu dificultad, te haz esforzado y el resultado es satisfactorio”. Cuando no ha habido ninguna mejora, aconseja decir: “parece que tal o cual asunto todavía te causa problemas; vamos a ver si encontramos otra manera de ayudarte”.

 

Guárdese de hacer comentarios despectivos sobre el modo como lee el niño. Si el problema consiste en que lee las letras de palabras en orden incorrecto, pregúntale bondadosamente cuál es la primera letra. Imagínese cuanto desanima a un niño disléxico que su profesor de matemáticas o español, le repita constantemente que sus respuestas son erróneas. Es mucho mejor plantear problemas algo más sencillos para que en lugar de sentirse frustrado por fallar, se sienta satisfecho por resolverlos.

 

 

AUTOAYUDA

 

 

Si eres disléxico, trata de realizar la mayor parte de la lectura en las horas en las que te sientas más descansado, los investigadores han observado que los estudiantes que padecen este trastorno, obtienen buenos resultados durante la primer hora y media de lectura, pero que si siguen leyendo, su rendimiento disminuye. Hay que recordar que la dislexia es un trastorno de aprendizaje. Es muy adecuado recomendar que se le practique al menor un electroencefalograma pues es un elemento diagnóstico de gran ayuda. Las valoraciones psicométricas se recomiendan para un buen diagnóstico de inteligencia pues nos dan datos sobre su habilidad verbal, su comprensión, su memoria, sus habilidades aritméticas, su atención y su observación. A la mayoría de los niños disléxicos se les recomiendan clases extraescolares de apoyo psicopedagógico y un tiempo destinado a la lectura.

 

 

Sus manifestaciones son muy variadas y dependerán de la intensidad del trastorno y de la edad del niño, porque se pueden afectar funciones relacionadas con la memoria, el vocabulario, las áreas motrices y el habla. Incluso en la etapa preescolar se pueden observar las deficiencias significativas en el lenguaje, la motricidad, la percepción y la falta de madurez en general, por lo que, sabiendo que no se cura solo con el paso del tiempo, se requiere un diagnóstico psicológico temprano para ayudar al niño oportunamente.

 

 

Psic. Sara Leticia Campos Chavolla, Torre Médica. Av. Méndez 1110 segundo piso Tel 3141178 y Cel 9931920934