‘Austeridad Compartida’

 

Es interesante la reacción de columnistas destacados a propósito de la propuesta de AUSTERIDAD REPUBLICANA para el siguiente sexenio.

 

 

En la República Neoliberal dominó la ideología de la opulencia y la prosperidad, que bendecía la desigualdad y la ambición desmedida. Fue el sexenio de los mirreyes. Una generación de gobernantes sus esposas, amantes y juniors que abiertamente sucumbieron a la idolatría del dinero, por cualquier medio, incluso de manera inmoral.

 

 

La sobrevaloración de la actividad política llego a tal despropósito que hasta los miembros de la Suprema Corte fueron evidenciados de guarecer bajo el erario público a sus esposas, novios y familiares.

 

 

 

 

LA CIVILIZACION DE LA AUSTERIDAD COMPARTIDA, es una propuesta que nació de la Universidad Centroamericana, inspirada por Ignacio Ellacuría. Parte de una crítica al consumismo desmedido que está orillando a la civilización a grados irracionales de desperdicio de alimentos, contaminación y problemas serios de salud. La mercadotecnia nos ha hecho sentir indispensables el teléfono celular, la tableta, el automóvil y un sinnúmero de accesorios y aplicaciones vinculados a éstos. El consumo como una necesidad vital. El desarrollo y el éxito se mide por la capacidad de consumo de las personas. Por ello el miedo a la pobreza o a la austeridad se convirtió en el tabú de esta generación. No importan la honradez, la buena fama o la muerte digna, ni las postrimerías (premio o castigo en el más allá). Lo que importa es satisfacer todos nuestros requerimientos de “bienestar” comodidad y consumo. Cueste lo que cueste.

 

 

Es comprensible pues que el sector ilustrado de la clase social con poder adquisitivo del sexenio, los que enriquecieron fácilmente a la sombra del erario, los burócratas todo poderosos, con vales de gasolina, seguro de gastos médicos mayores pagados, servicios de seguridad, colegiatura de sus hijos, viajes y viáticos y un largo etcétera; sientan el vértigo de la “austeridad”.

 

 

Se requiere pues, mirar hacia abajo, aquello que los hermeneutas llaman la “dialéctica negativa”, con la sinceridad de despojarse de todo amor a la vanagloria y lo superfluo para entender que este país requiere para volver a arrancar, de compartir entre todos, este esfuerzo de austeridad.

 

 

La civilización de la austeridad compartida tiene aparejado el gran valor de la SENCILLEZ. Opuesto al consumismo que fomenta la cultura del usar y tirar, la austeridad nos permite valorar las cosas por su uso, sin desperdiciarlas. Mientras la acumulación conduce al descuido, la austeridad conduce al señorío personal sobre lo que realmente es importante. Nos hacemos más sobrios para elegir lo que compramos.

 

 

La vida sencilla tiene que ver con la vergüenza, la ética y al valor espiritual de las personas y las cosas. No podemos arrogarnos el derecho de creer que este mundo es sólo nuestro sin dejarle espacio a las generaciones venideras. Dejemos atrás los arquetipos de magnates como Fidel Velázquez, Carlos Salinas, Peña Nieto y su casa blanca, políticos de humanidad fallida y cuya pobreza espiritual dan más pena que envidia: lo único que acumularon fue dinero. Valoremos los arquetipos del amor a la vida, al próximo y al mundo de la AUSTERIDAD COMPARTIDA, más vecinos a Francisco de Asís, Gandhi, el Papa Francisco, Pepe Mujica. La propuesta de austeridad republicana per se, es una buena noticia digna de ser recibida con serena alegría y vivirla sin ninguna ansiedad. Allí donde está tu tesoro, allí está tu corazón (MT6,21).

 

 

Mtro. Roberto Valencia
Filósofo y Teólogo
www.parroquiadesanmarcos.com