Bitzales: el dilema de la contingencia

 

La primera muerte de un manatí fue reportada en mayo de 2018. Ocurrió en el arroyo “El Maluco” ubicado entre los límites de Macuspana y Jonuta, el cual llega a colindar con la reserva de la biósfera de los pantanos de Centla.

 

 

El primer deceso se dio en el ejido Nabor Cornelio en Macuspana, una comunidad de poco más de 40 viviendas, cuyo principal ingreso de las familias es la pesca y donde al no contar con el servicio de agua potable, recurren a hacer uso del agua del arroyo, no solo para preparar sus alimentos, sino también para su aseo personal.

 

 

En un lapso de menos de 15 días, según información de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) hubo cinco muertes de esta especie. Éstas ocurrieron los días 18 y 28 de mayo y 1 de junio, solo que los decesos se esparcieron a las comunidades de El Venadito y La Pitahaya, también de Macuspana.

 

 

 

 

Esta especie, el manatí, se encuentra enlistado en la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010 dentro de la categoría “en peligro de extinción”.

 

 

Las muertes continuaron y al 23 de junio de 2018, la Federación de Pescadores de Macuspana ya reportaban 23 decesos, según dio a conocer en su momento el presidente de este gremio, Denis Muñoz Potenciano.

 

 

“Hasta ahorita tenemos localizadas entre todas las cooperativas el deceso de 23 manatíes que en el arroyo Maluco se murieron 12, los demás fueron en la zona de los Bitzales y los Naranjos, donde hemos reportado ante la Profepa, la Semarnat y Sernapam, donde nada más acuden las autoridades a ver los cuerpos de los manatíes y a enterrar a los que se puedan”, declaró en su momento el líder del sector.

 

 

En septiembre fue declarado contingencia ambiental en la zona de los Bitzales y se puso en marcha un programa para capturar a manatíes y llevarlos a la zona de 3 Brazos en el municipio de Centla, aunque pese a esa estrategia los decesos continuaron.

 

 

El número de muertes, según pescadores, serían más de 50, no solo en Macuspana, sino también en los municipios de Jonuta y Centla.

 

 

Las teorías de quienes encontraban los sirénidos muertos cambió y culparon la actividad petrolera de la zona lo que había llevado a la contingencia ambiental.

 

 

Aunado a la muerte de manatíes también aparecieron enfermedades gastrointestinales y lesiones en la piel hacia habitantes de estos tres municipios, principalmente entre la población infantil.