¿Cómo sientes la soledad?
Aunque nacemos solos vivimos acompañados. El instinto y la necesidad de gregarismo y de supervivencia nos impulsan a buscar compañía. Sin pareja, familia, amigos y otras formas de agrupamiento nos sentimos desconcertados y aislados.
La soledad es una moneda con dos caras. Una la negativa, producto de la sensación de vacío profundo cuando es por falta de amor o afecto en cualquiera de sus expresiones. Este tipo de aislamiento nos perturba mentalmente y no podemos ser fecundos con las ideas o pensamientos. El miedo a quedarse solitario paraliza, hace que aparezca la desesperanza, se borran las ilusiones, se añoran los seres queridos que ya no están e irrumpe la incertidumbre. Esta cara de la soledad está relacionada con todos los estados de la mente que tienen que ver con problemas de comunicación efectiva con el medio que nos rodea, la tristeza y la depresión.
La otra cara de la soledad, la positiva, es todo lo contrario. Es la del estado de plenitud espiritual. Es producto de hablarnos e intimar con nosotros mismos, pensar, recapacitar, visualizar, crear y meditar. Permite momentos de reflexión, fantasía, imaginación, ilusión y ensueño, los cual ayuda al desarrollo del ser humano y a su tranquilidad interior. Solamente cuando estamos solos podemos ponernos en contacto con nosotros mismos. Esa oportunidad nos permite vernos y evaluar si realmente somos como queremos ser y si estamos haciendo lo que deseamos hacer; y si esa imagen no estuviera de acuerdo con nuestras expectativas, es el momento de preguntarnos, qué es lo que estamos haciendo ahora para lograrlo.
-Es el resultado de relaciones sociales deficientes
-Constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo
-Resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.
La soledad es distinta del aislamiento social, y refleja una percepción del individuo respecto a su red de relaciones sociales, bien porque esta red es escasa o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial.
Se distinguen dos tipos de soledad:
-La emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad.
-La social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones.
Parece, por otro lado, que la soledad está relacionada con la capacidad de las personas para manifestar sus sentimientos y opiniones. Cuándo nuestra habilidad para relacionarnos es deficiente, aumenta la probabilidad de que nos quedemos solos ya que las relaciones que mantenemos son menos entusiastas y empáticas. En general, las personas con problemas de neurosis se muestran convencidas de que no resultan amables ni dignas de ser apreciables, y rechazan cualquier tipo de amigos potenciales con el objetivo de proteger a sí mismos del posible rechazo. La soledad está muy relacionada con la pérdida de relaciones con ese conjunto de personas significativas en la vida del individuo y con las que se interactúa de forma regular.
Recientes investigaciones indican que la soledad negativa puede afectarnos fisiológicamente y producir afecciones del corazón entre otras enfermedades. Se ha demostrado que las personas solitarias tienen niveles más altos de una sustancia denominada iterleukina-6 relacionada con enfermedades cardiovasculares que podrían provocar ataques del corazón o al cerebro. También, nos puede afectar psicológicamente y desencadenar depresión o llevarnos a la autoagresión y suicidio.
Los que padecen de soledad no tienen edad, ni sexo, todos la pueden sufrir en un momento dado, dependiendo de distintas circunstancias. La soledad se observa más a las personas que padecen depresión, que tienen baja autoestima, carecen de habilidades sociales, son poco comunicativas y se aíslan en su propio mundo. Algunos intentan salir de ella erróneamente a través del alcohol o las drogas, no la superan y caen en una peligrosa tristeza.
Para salir de esta cara oscura de la soledad, debemos voltear la moneda, encontrarnos a nosotros mismos y procurar desarrollar todas nuestras potencialidades como seres humanos. Podemos definir lo que queremos, y tomar la firme determinación de alcanzarlo, sin ponernos auto limitaciones o barreras que lo impidan. Comunicándonos con los que nos rodean y permitiendo que formen parte de nuestro mundo. Brindemos a los demás amor, mientras más lo proporcionamos más se llenará nuestra vida.
La soledad la podemos observar desde la infancia, por ejemplo, un hijo único por falta de hermanos, tiende a permanecer con adultos pero no interactúa con menores de su edad y esa falta de entrenamiento se puede ver reflejada en una timidez que le afecta conforme va creciendo. Esto mismo puede suceder con hijos que están muy encerrados en familia nuclear y no se propicia la convivencia en grupos donde se relacionen con otros congéneres. En la adolescencia, una característica de esa edad es sentirse aislado porque piensa que los demás no lo comprenden y buscan la soledad. Luego ese sentimiento se manifiesta en los adultos ante diversas circunstancias como puede ser una separación amorosa, la muerte de la pareja, de familiares, o simplemente el vivir solo por estudios o modo de vida elegido. En la tercera edad, la soledad se resiente más debido a la necesidad que se tiene de ser atendido o apoyado por otras personas dadas las posibles enfermedades que se pueden presentar por la etapa que se vive. Con los años hay un desgaste hormonal que afecta incluso al sistema nervioso y las personas se vuelven más proclives a las alteraciones nerviosas tales como ansiedad y depresión, mismas que se pueden incrementar al sentirse solos o desvalidos. Si el adulto mayor padece diversas enfermedades físicas, con mayor razón requiere de compañía y cuidados especiales.
Cuando se carece de apoyo social en cualquiera de las etapas antes mencionadas, se resiente la soledad. Puede aparecer la cara negativa de la moneda y afectar seriamente la estructura de personalidad del solitario. Si la persona tiene propensión a la depresión, puede presentar hasta ideación suicida pues ve el panorama gris en su vida. Es por ello que se enfatiza la necesidad de contar con redes de apoyo social, el ser humano está creado para vivir en sociedad. La retroalimentación afectiva brinda aceptación, paz, reconocimiento social y una buena adaptación al mundo en el que nos toca vivir.
A nuestros hijos, enseñémosles desde pequeños cómo comunicarse y expresar sus sentimientos. Todos necesitamos a alguien. Sembremos armonía y cosecharemos felicidad como nos lo hace ver la psicología social. Por otro lado, la psicología espiritual, nos motiva a tener la fe necesaria para sentir que nunca estamos solos y que siempre tenemos a nuestro creador cuidando de nosotros. ¨La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los más poderosos agentes, pues la soledad es esencial al hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos lo abandonan¨
PSIC. SARA LETICIA CAMPOS CHAVOLLA
CONSULTORIO: TORRE MÉDICA AV MÉNDEZ 1110 SEGUNDO PISO
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