Dos libros para reflexionar sobre la muerte

 

Todos sabemos que un día, aún en contra de nuestra voluntad, vamos a morir, o ver morir a una persona amada, porque la pérdida de la vida es ineludible. La pérdida es la experiencia de haber perdido “algo” que ya no tenemos. Nadie permanece indiferente ante una “pérdida” y las manifestaciones de dolor o resistencia se presentan de múltiples maneras, según cada persona. Sin embargo, la pérdida por excelencia es la partida definitiva de un ser querido. Un ser amado que se ha ido deja un hueco que jamás podrá ser llenado por ninguna otra persona. El sentimiento es de profunda tristeza y soledad. ¡Cuántas cosas mueren en una sola muerte! La muerte no es nuestra mayor pérdida. Nuestra mayor pérdida es lo que muere dentro de nosotros.

 

 

Hoy muestro un breve análisis de dos libros en los que los autores con su estilo muy personal, nos hacen reflexionar sobre la muerte.

 

 

Libro “Una muerte muy dulce” (Simone de Beauvoir 1964)

 

 

 

 

Después de esta explicación, Simone pensaba que no habría porqué alarmarse tanto, en todo caso, si su madre tenía que morir, ya estaba en edad avanzada.

 

 

Simone vio a su madre y comenzó a ser consciente de todo lo que estaba ocurriendo con ella. Fue operada para la reconstrucción del fémur, pero posteriormente se le hicieron muchos estudios que revelarían otras cosas.

 

 

Su madre, una mujer autoritaria, fuerte por fuera y muy débil por dentro, temerosa de la soledad e insegura de sí misma. Comenzaba al liberar sus debilidades dentro de ese mundo de hospital. Al principio quería aparentar que no estaba tan mal su estado anímico y de salud, pero poco a poco lo dejo salir a luz. Pidió mucha atención, mucha cortesía, y fingió sentirse como reina. Días después, cuando se le realizaron los estudios a la señora de Beauvoir, el doctor concluyó su conversación con Simone diciéndole que su madre tenía un tumor en el intestino delgado, la raíz verdadera de todos sus problemas.

 

 

Como en todas circunstancias, Simone lo tomó tranquilamente, tal como si le estuviesen explicando que las hojas caen de los árboles. Le preocupaba más que su madre sufriera al enterarse. Comienza el cansado sufrimiento de una persona con cáncer, su madre se queja de dolor y entonces esos gemidos hacen pronunciar en Simone y en su hermana Poupette palabras como “no la hagan sufrir” "¡Pónganle otra inyección!". El entorno cambia de un día para otro y ahora su madre se encuentra conectada a aparatos médicos, Simone siente pena por ella. Muestras de afecto y cariño llegan hasta el cuarto 114 del hospital, Simone le dice constantemente que mucha gente la quiere por alegre. La madre tiende a reprochar el olvido y la indiferencia de Simone hacia con ella, y de lo capaz que ha sido de salir sola adelante.

 

 

Vienen a Simone muchos recuerdos de su infancia y los describe a detalle, así como va describiendo día con día el empeoramiento de su madre y a la vez esa vitalidad que la caracteriza y esa manera de aferrarse a la vida. Con estos pasajes de su vida puedo comprender que la relación con su madre nunca fue buena, aunque ambas aparentaran que sí lo era. Su madre no concordaba con sus pensamientos pero siempre la respetó, a Simone nunca le importó del todo que su madre no estuviera de acuerdo con sus creencias y formas de pensar. Las dos fueron muy orgullosas. Sin embargo su pronta separación fue algo saludable para que no tuvieran la necesidad de llegar a conflictos graves. Nunca se sintió públicamente lastimada por su madre y tampoco viceversa, no sintió sentimiento alguno de culpa por todo lo que su madre le reprochó.

 

 

El cáncer es una enfermedad muy cruel, una enfermedad que conocemos tan bien pero que jamás hemos sentido en carne propia, es de esas enfermedades donde por lo menos un integrante de cada familia ha padecido y con él hemos sufrido todos, es por eso que sabemos de su crueldad.

 

 

El de la señora de Beauvoir no fue la excepción, transcurrían los días y con ellos avanzaba el mal en todo su cuerpo, la situación era cada vez más dolorosa y cansada. De repente se le olvidaba su orgullo y gritaba de dolor, ya podía conseguir estar recostada de un solo lado. Las rutinas de cuidarla en el hospital se volvían tediosas y cansadas, el sueño se volvía una irrealidad para Simone y su hermana, solo pensaban en lo que podía ocurrir de un momento a otro. Llegó un momento en que su madre ya no concilió ni las visitas, su semblante cambió a un tono de cadáver, y por momentos se dejaba apagar pero pronto reaccionaba, parecía un juguete de viejas pilas que sorprende cuando recobra sus movimientos y de la nada se vuelve a inmovilizar.

 

 

Un día entre despierta agradecía el poder ver a sus hijas, otros días pasaba dormida casi todo el tiempo. Perdió el de deseo de rezar a pesar de haberlo hecho toda su vida, tampoco quiso la visita de un sacerdote. Si algo creo es que la personas rezan por su propia salvación y para no sufrir, llegado el momento ya no pueden hacer nada, ya está sufriendo y realmente no saben si se salvan o no.

 

 

Poupette cuidaba más tiempo a su madre porque con ella se sentía más segura, el día de su muerte nada más ella estaba a su lado. Poupette no quiso avisarle pronto a Simone hasta el amanecer. Empezaron los preparativos del funeral y todo se llevó a cabo como su madre lo habría deseado. La muerte de la señora fue como un pasaje más de la vida de Simone, fue un gran momento para reflexionar y sentir muchas cosas. Dijo que la muerte de madre se había tornado dulce en cierta parte así fue, siempre le había temido al cáncer y nunca supo que lo padecía, fueron solo dos meses de angustia sufrimiento. Quizá hubiera querido pasar más tiempo con ella si lo hubiera sabido, pero le conforma más una muerte dulce y corta.

 

 

Las intermitencias de la muerte

 

 

En un país cuyo nombre nunca se sabe sucede algo increíble: “La muerte deja de trabajar” o sea que durante tiempo indefinido nadie en ese país morirá, esto claramente representa una utopía que muchos de los humanos (si no es que todos) alguna vez han tenido. “Al día siguiente no murió nadie” Así es como esta historia comienza, como era de esperarse el regocijo y dicha de los humanos no se hizo esperar y todos eufóricamente celebraron el cese de muertes, sin saber aun que lo que en ese momento era alegría se convertiría en una pesadilla infernal de la cual rogarían para escapar. Así, a los pocos días la humanidad descubre el verdadero horror que se suscita al no existir la muerte, ya que, los hospitales están repletos de enfermos que crudamente dicho solo ocupan espacio y roban aire, los ancianos comienzan a ser reprochados y casi odiados debido a que se convierten en un “estorbo eterno”.

 

 

A partir de entonces, frente a esta situación social que no pueden controlar y amenaza con agravarse, todos empiezan a anhelar el regreso de la muchas veces odiada y siempre temida muerte pero, a diferencia de otras ocasiones, ésta no quiere hacerse presente. Los ciudadanos de este país condenado a la vejez eterna deciden forzar la llegada de la muerte y tratan, por todos los medios posibles, de tentarla para que vuelva a desplegar su poder destructivo. Pese a los esfuerzos, esta zona donde los ancianos son odiados parece estar a disposición de la ahora desaparecida muerte

 

 

Todo se convirtió en un caos, nadie moría y con ello las empresas funerarias se habían quedado sin su materia prima. Sin embargo, hubo un sector en particular que vio cómo llegaba literalmente el “fin de sus días”. La iglesia vivía una de sus peores crisis. Los filósofos llegaron a una conclusión “si se acabara la muerte no podría haber resurrección, y que sin resurrección no tenía sentido que hubiera iglesia, las religiones, todas, por más vueltas que le demos, no tienen otra justificación de existir que no sea la muerte. La necesitan como pan para la boca”.

 

 

Como se sabía que dicho evento solo sucedía en aquel país, cierto día se le ocurrió a un anciano, que si los moribundos llegaban a la frontera del siguiente país, morirían. Fue así que en ese hogar se decidió llevar a 2 enfermos, un recién nacido e incluso al anciano a la frontera, donde la idea del anciano se hizo verdad y ellos murieron. La noticia se difundió de inmediato así que en otros hogares se decidió hacer lo mismo, esto se volvió tan popular que se creó una nueva empresa llamada la maphia, que por una valiosa suma de dinero, le ahorraba a las personas la penosa labor de llevar a la muerte a sus propios familiares que por alguna razón ya no merecían vivir una muerte eterna.

 

 

Un día la muerte decidió regresar pero en persona. Regresó utilizando el correo como método de trabajo, utilizaba sobres violetas que contenían letales cartas que anunciaban la muerte en ocho días, dichas cartas comenzaron a aparecer por todo el país, la gente decidió comenzar una vida de libertinaje llena de drogas, alcohol, y todos aquellos vicios que destruyen a la humanidad, en vez de tratar de reparar el daño hecho como esperaba la muerte, incluso se olvidaron de pasar aquellos días con sus seres queridos.

 

 

La historia da un giro increíble cuando una de las mortíferas cartas regresa a las manos de la muerte, quien al abrirla quedó convertida en mujer, lo cual terminó con las teorías quiméricas sobre la apariencia de la muerte. La muerte era bella, delicada y dotada de un olfato que percibía todo lo que sus ojos no podían.

 

 

Así la muerte descubrió que la carta que regresó a sus manos y la hizo mujer pertenecía a un violonchelista, así que ella decidió conocerlo. Compró un vestido nuevo y se dirigió a un concierto en que dicho hombre participaría. Solo bastó con ver al violonchelista, conocerlo y estar en su casa, para que la muerte quedara “enamorada”, por así decirlo. Ella comenzó a conocer una vida nueva, y ella que nunca dormía, en sus brazos logró conciliar el sueño. “Al día siguiente nadie murió”.

 

 

La muerte no respeta edades ni sexo ni condición social. Ni siquiera requiere de una enfermedad, una tragedia o un desastre natural. La muerte solo tiene como requisito a la vida misma pues, para morir, lo único que se requiere es estar con vida. Si al morir tu ser querido tu deseo es dejar de sufrir, no permitas entonces que su ausencia se convierta entonces en tu propia tumba. Y es que se nos olvida que la vida es prestada, que no nos pertenece. Se nos olvida que la vida la tenemos solo cada hoy.

 

 

Psic Sara L. Campos Chavolla Torre Médica Av. Méndez 1110 Segundo Piso Tel 9933141178 y Cel 9931920934 Villahermosa, Tab.