Factores que hacen que el iracundo maltrate a la mujer

 

Usualmente, la persona que maltrata a su pareja, generalmente hombre, tiene un historial a su vez de maltrato infantil y de insatisfacciones personales, laborales, familiares y en sus relaciones con la pareja. Cuando producto del alcohol, la corteza cerebral se adormece y el individuo se desinhibe, todos esos fantasmas afloran y, en medio de su rabia y frustraciones, buscará desquitarse con la persona más cercana y débil emocional y físicamente. Este atropello puede suceder sea alcohólico o no.

 

 

Somos una especie violenta por naturaleza por dos razones. Porque somos agresivos y porque somos creativos. Sin imaginación no seríamos violentos. El hombre por naturaleza es violento; puede esconder, puede modificar y hasta sofisticar esa condición, pero muchas veces no la puede evitar ni eliminar.

 

 

Está lleno de testosterona y la produce hasta el día que deje de respirar; esta hormona distribuye músculo (contrario a las hormonas femeninas que distribuyen grasa) y ha programado al varón para la agresión y la cópula. La agresividad es algo que compartimos con el resto de animales. Es una emoción, como el amor o el miedo. No es buena ni mala. No tiene connotaciones morales o éticas, simplemente es parte del instinto de supervivencia. La violencia es otra cosa. Es una agresividad consciente. Es un hacer daño queriendo hacerlo. Y para eso hace falta imaginación.

 

 

 

 

¿Por qué la mayoría de crímenes violentos, como la agresión o el asesinato, son cometidos por una minoría de personas que, además, son reincidentes? Para responder a esta pregunta, un grupo de neurocientíficos del Instituto Karolinska, en Suecia, analizaron el ADN de 800 reclusos de Finlandia, y descubrieron que los individuos condenados varias veces por delitos relacionados con la agresividad poseían al menos una de las siguientes variantes genéticas: CDH13 y MAOA.

 

 

Si le agregamos a lo que sabemos de la testosterona el no tan reciente descubrimiento del llamado gen de la violencia o del guerrero —catalogado científicamente como el gen MAOA de versión corta—, se complica un poco más el panorama y su comprensión. Este gen controla la producción del neurotransmisor llamado dopamina. Si su actividad disminuye, y el portador además consume alcohol, cocaína o anfetaminas, se produce una explosión de dopamina que potencialmente puede llevar a la comisión de delitos violentos.

 

 

Por su parte, el gen CDH13 codifica una proteína de la cohesión neuronal que contribuye a las conexiones de las células nerviosas en el cerebro. Las personas con las dos variantes, según los investigadores, tienen hasta 13 más probabilidades de cometer un delito violento. El estudio también aclara por qué la mayoría de los asesinos en serie son hombres. Como el MAOA está en el cromosoma X, tener un alelo o versión defectuosa del gen tiene remedio en el caso de las mujeres, que cuentan con dos de esos cromosomas. En cambio, los hombres, con un solo cromosoma X, carecerían de repuesto.

 

 

¿Qué alteraciones observamos en la personalidad del violento?

 

 

Los trastornos más relevantes que observamos en los violentos son: el abuso de alcohol/drogas, los celos patológicos, los trastornos de personalidad (antisocial, límite, narcisista, bipolar y paranoide), así como las alteraciones psicológicas de estas personas, tales como el descontrol de la ira, las dificultades emocionales, los eventos traumáticos infantiles, la baja autoestima. modelos paternales inadecuados, la celotipia y las fallas de comunicación para la solución de problemas.

 

 

Por su parte, la pareja agredida, usualmente mujer, se siente además de física y verbalmente atropellada, lastimada corporal y emocionalmente y con la autoestima por el suelo, no sabe qué hacer, se desespera, a veces se torna agresiva y provoca más enojo de su pareja. Usualmente se encuentra atrapada, con carencias económicas lo que le impone soportar semejante sufrimiento.

 

 

Después de la tormenta, vienen las disculpas y los perdones, además del sentimiento de culpa por parte de ambos, del agresor por el daño causado y de la persona lastimada que empieza a dudar de sí misma y a sentirse culpable. Se dan casos en la que la víctima llega a convencerse que es su culpa la paliza recibida, lo cual en ningún caso es cierto.

 

 

La violencia contra mujeres y niñas es una violación grave de los derechos humanos. Su impacto puede ser inmediato como de largo alcance, e incluye múltiples consecuencias físicas, sexuales, psicológicas, e incluso mortales, para mujeres y niñas. Afecta negativamente el bienestar de las mujeres e impide su plena participación en la sociedad. Además de tener consecuencias negativas para las mujeres, la violencia también impacta a su familia, a la comunidad y al país. Los altos costos asociados, que comprenden desde un aumento en gastos de atención de salud y servicios jurídicos hasta pérdidas de productividad, impactan en presupuestos públicos nacionales y representan un obstáculo al desarrollo pleno de la mujer.

 

 

La mejor manera de erradicar la violencia es previniéndola

 

 

La violencia contra la mujer parte de las normas sociales y estereotipos que perpetúan la discriminación de género en una sociedad machista. La mejor manera de erradicarla es evitar que ocurra en primer lugar. Les doy algunas recomendaciones al respecto:

 

 

1) Reconoce las señales. El primer paso para la prevención es familiarizar a las personas y la comunidad con los posibles signos e indicadores de violencia de género. Estos signos pueden variar y no siempre comprenden síntomas físicos, ya que la violencia contra la mujer incluye muchas formas de maltrato, como abuso psicológico, verbal, económico, entre otros.

 

 

2) Educa a tu comunidad. Un buen comienzo para erradicar la violencia de género es comenzar a educar a la mayor cantidad de gente posible sobre la misma, su impacto y cómo intervenir de manera segura. Esto se puede hacer mediante la colaboración de la diversos Organismos Gubernamentales, además de organizar a las mujeres y demás miembros de la comunidad para implementar charlas o sesiones grupales para discutir el tema, especialmente en escuelas y asociaciones locales.

 

 

3) Organiza a tu comunidad. Involucrar a los vecinos a intervenir para detener a un abusador o hacer de su comunidad un lugar donde no se tolerará la violencia de género, genera confianza para que las mujeres denuncien que son maltratadas.

 

 

4) Escucha para empoderar. Si una víctima de violencia de género se acerca a ti, escúchala. Hazle saber que le crees y no juzgues sus elecciones. Las víctimas a menudo se sienten completamente aisladas y con frecuencia son menospreciadas por su abusador; es importante que ella se sienta segura y reúna el coraje suficiente para comunicarte exactamente lo que está sucediendo y pedir ayuda.

 

 

5) Permanece a la espera. Si sospechas que tu amiga, compañera de trabajo o familiar es víctima de violencia, ofrécele estar a la espera de su mensaje de texto o llamada para emergencias.

 

 

6) Ten un plan de intervención. Elabora un plan para reaccionar con inmediatez al momento de recibir un mensaje de auxilio de una víctima. Para ello, debes tener los números de contacto necesarios de la policía local y la línea nacional de ayuda contra la violencia de género.

 

7) Documenta cualquier incidente del que seas testigo. Toma nota de las fechas, horas, lesiones y cualquier otra observación.

 

 

El dilema radica en que esta situación de vivir en la violencia, una vez que comienza, se instala un círculo vicioso que será difícil de romper sin la ayuda profesional y la voluntad de ambos. El punto de partida es que se reconozca que no es suficiente pedir perdón o decirle a la pareja te amo, después de la acometida, ya que lo primordial es el compromiso de no hacerle daño al otro. Una vez establecida esta obligación en la relación de la pareja, habrá que trabajar juntos los otros elementos como el manejo de las frustraciones, de la ira, de la culpa y de la autoestima de uno y del otro.

 

 

Se debe aceptar que en la vida existen problemas y que lo substancial es solucionarlos. Que las lamentaciones y culpar a los demás no conduce a nada. Los dos deben ser compañeros y darse fuerzas mutuamente para ser cada día mejores.

 

 

Sacar a esta persona de su patológica conducta, requerirá ayuda profesional tanto para tratar la personalidad agresiva, para controlar la ira y su comportamiento machista abusivo.

 

 

Sabemos que el maltrato se origina con las ofensas verbales y los gritos y que si no se controla a tiempo concluirá en desdicha, y a veces en tragedia. Si es su caso, busque ayuda psicológica especializada.

 

 

PSIC. SARA L. CAMPOS CHAVOLLA

 

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