El Diario de Ana Frank, una de las obras literarias más emblemáticas

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El Diario de Ana Frank, una de las obras literarias más emblemáticas
Foto: muyhistoria.es


Decidí escribir sobre Ana, una jovencita sacrificada que sufrió y murió un día como hoy pero de 1945.

Hablar de Ana Frank y de sus vivencias, sin duda alguna conduce a una nostalgia profunda, a una revisión interna y contextual del presente y de lo que tuvo que vivir una familia a causa de una guerra, que terminó con los sueños de una pequeña que apenas iniciaba su adolescencia y vio frustrados la mayoría de sus deseos.

La historia de este libro que logró publicar su padre, encuentra su argumento en el diario de una niña judía de 13 años, hija de comerciantes alemanes. Cuando comenzó la persecución nazi, su familia creyó encontrar la salvación en Países Bajos. Sin embargo, la invasión forzada de Holanda en julio de 1942 los obligará a escoger entre dos difíciles decisiones: la Gestapo, o esconderse en una vieja casa. En un reducido espacio tenían que habitar ocho personas diariamente por poco más de dos años. Ana se consagró a la tarea de leer con voracidad y a escribir en su diario, en el cual se plasman las más sensibles observaciones respecto a su existencia y a la de los demás.

El diario de Ana, fue un regalo para su cumpleaños número 13, el 12 de junio de 1942. Ella nombra a su diario Kitty y le confía todo cuanto le ocurre. El diario inicia cuando Ana aún está en la escuela. Durante esa época, los judíos debían utilizar una estrella en la ropa para ser identificados; las compras debían hacerla en tiendas y negocios judíos; no tenían derecho de utilizar el tranvía ni utilizar bicicletas y los niños debían estudiar en escuelas especiales y no tenían derechos como el resto de la población. Poco tiempo después, Ana recibe la noticia de que deben esconderse, pues la Gestapo ha citado a su hermana Margot y a su padre. La fecha prevista para la desaparición de la familia Frank era el 16 de julio, no obstante, el 5 de julio de 1942 huyen temprano al escondite, vestidos con varias capas de ropa y una maleta por persona. Son ayudados por Miep, una chica que trabajaba en el almacén y conocía a la familia, el Sr. Koophuis, Eli y Vossen.

Dicho escondite era una especie de departamento pequeño de dos pisos en la parte superior de la casa. Para disimular la puerta que daba al anexo, dispusieron un librero giratorio. Las reglas para vivir allí eran muy estrictas, entre otras cosas no debían hacer ruido cuando los trabajadores estuvieran en la oficina, no podían tirar de la cadena del escusado ni abrir las llaves del agua hasta que estuvieran solos en el edificio, el procedimiento para bañarse era en una tina que debía usarse por turnos y en áreas que cada quien escogiese.  Junto con la familia Frank, conformada por la Sra. y el Sr. Frank, Margot y Ana, vinieron a vivir los Van Daan: el Sr. y Sra. Van Daan y su hijo Peter. Ana lleva mala relación con la Sra. Van Daan, quien pretende educarla, así como con Peter. Los primeros meses son difíciles para Ana, pues tiene roces con su madre, con Margot y con la Sra. Van Daan. Ana se siente triste frecuentemente cuando riñe con su madre a quien considera dura, sarcástica y desordenada; además manifiesta expresamente que ama a su padre más que a nadie en la familia y espera de él su aprobación. Durante esta primera etapa, Ana dedica su tiempo a estudiar taquigrafía y francés y a leer cuantos libro encuentra. 

Ana llama a este periodo «días de tumba»: periodo que los obliga a vivir escondidos en la esperanza de que no será por mucho tiempo. Asimismo, describe la desgracia de la guerra: niños cristianos holandeses enviados obligatoriamente a Alemania; familias judías separadas; guerra en todo el globo; niños sin ropa adecuada pidiendo un pedazo de pan por las calles; judíos y cristianos esperan, el mundo entero espera, muchos esperan la muerte. En marzo de 1943 se escuchaban bombardeos, ametralladoras y alarmas en la calle. Todos tenían mucho miedo, sin embargo los males que les esperaban afuera eran peores que el ser afectados por una bomba. Las cosas en el anexo van de mal en peor, el estado de ánimo está abatido porque todos tienen aprensión ante el obstáculo insuperable del invierno. Los Frank y los Van Daan ya no se aguantan, resulta difícil cohabitar pues los Van Daan son mezquinos y egoístas. La monotonía comienza a trastornarlos y la comida es muy mala, a base de coles y papas.

Ana comienza a buscar la compañía de Peter y ahora su perspectiva sobre él ha cambiado. Descubre que Peter la observa mucho y que procura ser servicial con ella. Siente que Peter tiene una enorme necesidad de ternura. La relación entre ellos se estrecha cada día más y no pasa un solo día sin que Ana le escriba a Kitty que está enamorada de Peter. Ahora su dicha se basa en esta nueva amistad. Juntos hablan de sus familias, de la situación que enfrentan, de la soledad. El martes 11 de abril de 1944 alguien intentó asaltar el almacén, hicieron un agujero en la puerta de abajo. Peter, Dussel, Van Daan y el Sr. Frank fueron a ver lo que ocurría y en ese momento, una pareja que paseaba los alumbró. Por un momento, alguien se acercó a la puerta-armario e intentó abrirla. Todos suponían que era la policía y que la Gestapo los descubriría.  Llamaron a su protector Koophuis para avisarle del robo y para que enviara a alguien. Koophuis llegó, les llamó la atención por haberse expuesto al salir a averiguar qué ocurría, pues ahora ya habían sido vistos por la pareja que paseaba.

Ana se siente emocionada porque ya besó a Peter. Su padre le ha pedido que mantenga distancia porque se pueden enamorar. No obstante, Ana continúa visitando a Peter y le escribe una carta a su padre para explicarle su sentir desde que están encerrados.

Existe una nueva ola de antisemitismo, incluso en aquellos que eran buenos. Ana siente tristeza, pues ella ama Holanda y pese a que no tiene patria, desea hacer de Holanda un país hermoso con gente noble, su propia patria. No obstante, se dice que los judíos alemanes refugiados en otros países tendrán que regresar a Alemania. No puede comprender por qué los Holandeses, un pueblo bueno, juzga al pueblo más oprimido, más desgraciado y quizá, al más digno de compasión del mundo entero. Entre tanto, han arrestado a su proveedor de legumbres porque albergaba a 2 judíos. Ahora pasarán hambre en el anexo.

En mayo de 1944 Ana expresa que está de mal humor, deprimida y sin esperanza. La agobian varios problemas: por un lado, el proveedor de legumbres, el problema de los judíos, el desembarco que hace esperar, la mala alimentación, la tensión nerviosa, la atmósfera deprimente, la necesidad de libertad, la carga y peligro que implican para sus protectores, el miedo a ser descubiertos. Ni siquiera todo esto los hace desistir, aman la vida y no han olvidado la voz de la naturaleza, siguen esperando, pero Ana desearía que aconteciera algo pronto para eliminar la inquietud, así sabrán si deben vencer o perecer. Ana siente que existen más razones para confiar que la guerra terminará puesto que en julio de 1944 hubo una tentativa de asesinato contra Hitler, no por judíos, comunistas o por capitalistas ingleses, sino por un general de la nobleza germánica, un conde, que al ser descubierto fue fusilado por el Fuhrer.

El martes 1 de agosto de 1944 es la última carta de Ana a Kitty, en ésta, hace una recapitulación de su forma de ser, considera que «Ana la Tierna«, nunca ha hecho una aparición en compañía, ni una sola vez, pero en la soledad, su voz domina casi siempre. «Ana la Pura» le señala el camino; exteriormente es sólo una cabrita desprendida de su cuerda, alocada y petulante. Ve y siente las cosas de manera totalmente distinta a como las expresa hablando, por eso la denominan alternativamente, coqueta, pedante y romántica. «Ana la Alegre» se ríe de eso, responde con insolencia, se encoge indiferentemente de hombros, pretende que no le importa nada, pero Ana la Dulce reacciona de la manera contraria.

Aquí termina el diario de Ana Frank. El 4 de agosto de 1944, la Feld Polizei hizo irrupción en el Anexo. Todos sus habitantes, así como Kraler y Koophuis, fueron arrestados y enviados a campos de concentración. La Gestapo arrasó el Anexo dejando por el suelo viejos libros, revistas y periódicos, entre los cuales Miep y Elli hallaron el Diario de Ana. De todos los habitantes del Anexo, solo el padre de Ana volvió. Kraler y Koophuis, que resistieron a las privaciones de los campos holandeses, regresaron a sus hogares.

En marzo de 1945, Ana murió en el campo de concentración de Berge-Belsen, dos meses antes de la liberación de Holanda. Un caso de injusticia más, cometido por las atrocidades de la violencia y la inestabilidad mental.

Psic. Sara L. Campos Ch. Torre Médica Méndez 1110 Segundo piso Tel 9933 141178 y Cel 9931920934


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