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¿Nos estamos volviendo locos por el miedo?

La ansiedad es una enfermedad mental, no nos lleva a la locura, pero quien la padece siente un miedo exagerado ante situaciones cotidianas que son atemorizantes. Cuando  hay una amenaza real, aumentan los niveles de adrenalina y cortisol y se llega a los estados de angustia inquietantes. En un trastorno de ansiedad, si no se le pone remedio, esos miedos no desaparecen sino que normalmente aumentan con el tiempo, llegando a afectar a su capacidad para llevar una vida normal.

Hay episodios de histeria colectiva que están llevando a algunas personas a tomar medidas desproporcionadas debido a la incertidumbre.  Estamos en una situación totalmente nueva, lo más parecido que recordamos lo tenemos en la posguerra. No sabemos qué va a pasar y es una reacción muy humana la de intentar protegerse. El Covid-19 es la primera epidemia global de estas características en la era de las redes sociales. Las anteriores, de Ébola, SARS o gripe A, o bien no se transmitieron de forma tan generalizada o la información no circuló tan rápido, como fue en el caso de la gripe A en 2009. La ciudadanía está sometida a un bombardeo constante de información donde resulta muy difícil distinguir lo verdadero de lo falso. Sustituir términos como crisis o epidemia por enfermedad y suavizar el lenguaje puede contribuir a mejorar el malestar de la gente.

¿Nos estamos volviendo locos por el miedo?
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El efecto del estrés y la ansiedad que está generando el coronavirus, termina generando irritabilidad y malestar. Todos necesitamos una rutina y cuando hay medidas como las que se están aplicando que la rompen, nos dejan en situación de alerta continua y eso acaba generando roces a nivel interpersonal.

Les dejo algunas recomendaciones para quienes sufren miedo y ansiedad por el coronavirus con el objetivo de intentar controlarlo:

-Identificar los pensamientos que nos generan malestar. Pensar constantemente en la enfermedad puede hacer que aparezcan o se acentúen síntomas que incrementen el malestar emocional.

-Reconocer las emociones y aceptarlas. Si es necesario, compartir la situación con las personas más cercanas para encontrar la ayuda y el apoyo que se necesita.

-Cuestionar la información que se recibe: buscar pruebas de realidad y datos fiables. Conocer los hechos y los datos fiables que ofrecen los medios oficiales y científicos y evitar información que no provenga de estas fuentes, evitando información e imágenes alarmistas.

-Informar a los seres queridos de manera realista: En el caso de menores o personas especialmente vulnerables como ancianos, no mentirles y proporcionarles explicaciones veraces y adaptadas a su nivel de comprensión.

-Evitar la sobreinformación, estar permanentemente conectado no hará que estén mejor informados y podrían aumentar la sensación de riesgo y nerviosismo innecesariamente.

-Contrastar la información antes de compartirla. Si usa redes sociales para informarse, procurar hacerlo con fuentes oficiales.

- Mantener en la medida de lo posible las rutinas diarias y tratar de organizarnos lo mejor posible con el apoyo que tengamos. Es normal la sensación de miedo, porque es un riesgo desconocido, pero hay que ser conscientes de la importancia de la actitud personal en el control de la pandemia.

Y si finalmente se padece la enfermedad o se tiene cerca algún familiar cercano con ella, no alarmarse innecesariamente, pues la mayoría de la gente se cura y apoyarse en la experiencia que se tiene de situaciones similares, la percepción puede ser de gravedad pero hay que pensar en cuantas enfermedades se han superado, libramos una serie de virus, bacterias y todo tipo de microbios en la gran inundación del 2007 y aquí seguimos. Claro que sentir  nervios y ansiedad de vez en cuando es algo normal. Puede pasarnos antes de un examen, si tenemos un encargo importante en el trabajo o ante problemas personales que nos preocupen especialmente.

Las personas afectadas por este problema puede llegar a sentirse incapacitadas para llevar una vida normal debido a los sentimientos de angustia y estrés que les producen situaciones que para otros son completamente normales y manejables. Aunque es una enfermedad que hace sufrir mucho a quienes la padecen, habitualmente con terapia y si es necesario con la ayuda de algunos medicamentos, esas personas pueden conseguir llevar una vida normal y retomar el control de sus emociones.

Ante la situación de amenaza que estamos viviendo por la peligrosidad del virus, se desencadenan distintos tipos de ansiedad. Algunas características son comunes a todos ellos mientras que otros son específicos de alguno en concreto.

1. Trastorno de pánico. Se sufren ataques de terror que aparecen de pronto y pueden causar sudoración, palpitaciones y dolor en el pecho, haciéndote pensar que estás a punto de sufrir un infarto.

2. Fobias específicas. Miedo irracional a cosas concretas, como las alturas, los espacios cerrados, algunos animales, en el caso que nos ocupa, miedo al contagio del virus.

3.- Estrés postraumático, por el miedo que queda al ver lo letal del virus en otros países y lo que ocasiona.

Aquí tienes algunos síntomas que pueden ayudarte a determinar si sufres de ansiedad y te vendría bien pedir ayuda:

1. Preocupación excesiva. Si esa preocupación te está causando sufrimiento y problemas para llevar una vida normal.

2. Problemas para dormir. Si te pasa a menudo que no puedes dormir porque te sientes nervioso por un problema concreto, por temor al contagio, a la muerte o por nada en particular, y te pasas la noche dando vueltas en la cama y a la cabeza, puede que sea señal de que padeces ansiedad.

3. Miedos. Si sientes un miedo desproporcionado a una situación cotidiana, como tocar objetos que consideres contaminados, como toparte con una persona con gripa, quizá desarrolles una fobia, que es un tipo de ansiedad.

4. Tensión muscular A menudo los trastornos de ansiedad van acompañados de tics musculares como apretar los puños o las mandíbulas, tan interiorizados que la persona que la padece puede no darse cuenta de que lo está haciendo.

5. Indigestión frecuente. A menudo ambos problemas se retroalimentan: el malestar digestivo produce ansiedad y cuanta más ansiedad, mayores problemas digestivos.

6. Ataques de pánico. En un ataque de pánico el paciente experimenta un sentimiento repentino de terror acompañado por síntomas físicos como dolor en el pecho, palpitaciones, sudores, visión borrosa. Los afectados a menudo viven en un estado de ansiedad, temiendo el siguiente ataque de pánico y evitando aquellos lugares donde han padecido ataques de pánico anteriormente.

La ansiedad se da por una conjunción de factores que van desde la bioquímica del cerebro hasta cambios en el entorno pasando por factores genéticos. A veces el trastorno de ansiedad se da en varias generaciones de una misma familia.

Consejos para manejar la ansiedad:

El tratamiento para la ansiedad incluye acudir a psicoterapia, pero hay algunos cambios en el estilo de vida que pueden ayudar a mantener la ansiedad bajo control. Reduce la cafeína; Intenta reducir tu ingesta diaria de cafeína tomando menos café, té, chocolate, refrescos y bebidas energéticas. La cafeína estimula el sistema nervioso y puede acentuar los síntomas de la ansiedad. Come bien y haz ejercicio. Al ejercitarte, tu cerebro libera sustancias que ayudan a reducir la sensación de estrés y que mejoran tu estado de ánimo general.

Duerme y descansa La ansiedad pasa factura entre otras cosas por agotamiento. Crea una rutina que te ayude a descansar y si tienes problemas para dormir y angustia. consulta con tu psicólogo

PSIC. SARA L, CAMPOS CHAVOLLA

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TEL: 3-14-11-78 CEL: 9931920934

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