Nuestras emociones nos controlan, nos sanan o nos enferman

Nuestras emociones nos controlan, nos sanan o nos enferman
Foto: Mandy Fontana en Pixabay

Las emociones se nos vienen en cascada y son de todo tipo. Tengamos en cuenta que son los impulsos que nos llevan a la acción. Nuestras emociones son estudiadas por la psicología y por las neurociencias dado que estas se expresan mediante reacciones fisiológicas que alteran nuestra respiración, el latido cardiaco, nos hacen sudar, nos ponemos rojos o nos provocan conductas que expresan ansiedad, estrés, alegría, enojo, depresión o agrado y paz. Casi todas ellas, son provocadas por la adrenalina, hormona que es producida por las glándulas suprarrenales. 

Las emociones nos ayudan a establecer varias conductas de adaptación básica para el organismo, como, por ejemplo: agredir, escapar, buscar confort, ayudar a las personas, reproducirse. Muchas personas recurren a lidiar con emociones que tienen efectos negativos y hasta imposibilitantes como el pánico escénico o el bloqueo en el funcionamiento laboral o afectivo. Las emociones que afectan las relaciones interpersonales aparecen en forma de miedo, ira o rechazo, pero muchas necesidades a la supervivencia. Las expresiones emocionales, o signos externos de lo que se siente, lo percibimos o manifestamos. Por ejemplo, cuando tenemos mucho miedo nos tiemblan las manos, el rostro se arruga y adoptatamos una postura corporal tensa y defensiva. La emoción también se manifiesta en cambios significativos en el tono y modulación de la voz. 

Daniel Goleman, en su libro “La inteligencia emocional”, se muestra sorprendido ante el efecto devastador de los arrebatos emocionales y ha intentado desentrañar qué factores determinan las marcadas diferencias que existen, por ejemplo, entre un trabajador “estrella” y cualquier otro ubicado en un punto medio, o entre un psicópata asocial y un líder carismático. Su tesis defiende que, con mucha frecuencia, la diferencia radica en ese conjunto de habilidades que ha llamado “inteligencia emocional”, entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo. Si bien una parte de estas habilidades pueden venir configuradas en nuestro equipaje genético, y otras tantas se moldean durante los primeros años de vida, 

A continuación, Daniel Goleman nos comparte algunas de las funciones de las emociones

El miedo. Con el miedo, la sangre va a los músculos esqueléticos de las piernas para hacer mucho más eficiente la acción de huir (por ejemplo, correr o saltar); el cuerpo se congela, aunque sea por unos segundos, pero esto permite estimar si es más adecuado esconderse o no del estímulo amenazante. 

La tristeza. Nos ayuda a poder adaptarnos a pérdidas significativas en nuestra vida, por ejemplo, la pérdida de un ideal, la muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo. La tristeza produce una necesidad de aislamiento introspectivo. 

La ira. Con esta emoción la sangre fluye de forma prioritaria a las manos, esto permite que sea mucho más fácil golpear al enemigo, y el sistema adrenérgico se exacerba y así genera la energía suficiente para lograr un acto vital. 

La sorpresa. La expresión de levantar las cejas permite una mayor percepción visual y así que pueda llegar mucha más luz a la retina del ojo. Esta acción permite obtener más información del evento inesperado, y así poder distinguirlo con precisión. 

 -Las emociones básicas. De ellas surgen todas las demás que se conozcan y las cuales se presentan como respuesta inmediata a un estímulo, también tienen el carácter intrínseco en los seres humanos, es decir, las emociones básicas vienen grabadas en nuestro ADN debido a un proceso de evolución filogenética. Las emociones básicas son pues las que compartimos con todos nuestros congéneres, vivan en donde vivan y sin importar la cultura que tengan: Tristeza; Sorpresa; Miedo; Asco; Alegría e Ira.  

-Las emociones secundarias. - Las emociones secundarias, a diferencia de las básicas, son aprendidas a lo largo de la vida, y generalmente son la mezcla de dos emociones (por ejemplo, la vergüenza puede surgir de la culpa y el miedo; los celos, del amor y el miedo). Las emociones secundarias son sociales, es decir, que estas son aprendidas a partir de una interacción con la sociedad en la que vivimos. A continuación, te compartimos algunas emociones secundarias reconocidas: Culpa; Celos; Resignación; Angustia; Incertidumbre; Indignación; Soledad y Odio. 

Como hemos visto, las emociones son reacciones del sistema nervioso comunes en los animales, que motivan a la acción según el estímulo percibido. Por tanto, las emociones son inmediatas y de corta duración. Cuando la vía de expresión de cualquier emoción se ve interrumpida, esta encuentra lugar en el retorno de síntomas de diferentes patologías mentales y fisiológicas. Por otro lado, los sentimientos son estados afectivos más duraderos y estables que surgen de los pensamientos, más que de un estímulo en concreto. Nuestro cuerpo nos habla, se expresa a través de su funcionamiento, cuando algo no anda bien, nos está queriendo manifestar algo, nos está poniendo en aviso de que hay algo que debemos trabajar, cambiar, transmutar, algo que quizás debamos soltar, algo que debamos expresar, 

En palabras de otra estudiosa de las emociones, Louise L. Hay en su libro “Sana tu cuerpo”, expone que tanto el bien-estar como el mal-estar en nuestras vidas, son consecuencias de las pautas de pensamiento que forman nuestras experiencias. Por consiguiente, al cambiar estas pautas podemos cambiar nuestras experiencias. Existe un gran poder en nuestras palabras y pensamientos

Las pautas causantes de la mayoría de los malestares del cuerpo son: la crítica, el resentimiento, la rabia y la culpa. Aquí mismo y ahora, en nuestras propias mentes, lo importante no es cuánto tiempo hayamos tenido pautas mentales negativas, o una enfermedad, o una mala relación… podemos empezar a cambiar hoy. La efectividad del poder está siempre en el momento presente. Aquí es donde empezamos a hacer cambios. El comienzo más insignificante, es ya un cambio importante. 

Es el momento para desarrollar y potenciar la empatía como una actitud necesaria en este periodo de pandemia: ¿Qué emociones sientes con el encierro? ¿Cómo crees que pueden sentirse las personas en situaciones similares o más extremas aún? ¿Por qué crees que “guardarnos” es cuidar a los otros? El esfuerzo de todos los ciudadanos vale mucho, la unión y comunión de un pueblo es el camino para el desarrollo y la solución de muchos problemas. Superaremos este torbellino de emociones que nos han quitado la paz, el sueño, la salud física o mental y la alegría en gran medida. La ayuda psicológica es sumamente necesaria y se recomienda recurrir a la terapia cognitivo-conductual. 

Psic. Sara L. Campos Chavolla Consultorio Torre Médica Av. Méndez 1110 Segundo Piso Tel 9933141178 Cel 9931498830



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