Sobrevivimos a las diversas crisis gracias a la fe y la esperanza

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Sobrevivimos a las diversas crisis gracias a la fe y la esperanza
Foto: centrodeneurodesarrollo.com


El efecto Pandora explica un don indudable que define a la propia humanidad. Aún en medio de la adversidad más compleja y dura, las personas conservamos en el fondo de nuestro ser un recurso, un bote salvavidas, una raíz difícil de arrancar: la esperanza.

La palabra "crisis", en chino, se compone de dos caracteres: el primero, que significa "riesgo" y el segundo, que significa "oportunidad". Detrás de las amenazas, que normalmente las percibimos con mucha claridad, suelen esconderse oportunidades que solo pocas personas son capaces de visualizar. Las crisis,  nos ponen en alerta, agudizan nuestros sentidos y, sobre todo, representan un desafío al ingenio, a la frustración y a la creatividad. La humanidad ha sobrevivido a diversas crisis y nos dejan un gran aprendizaje. 

Reflexionemos al respecto e iniciemos con Las Crisis Emocionales, que son un conjunto de reacciones físicas, pensamientos y emociones que se presentan ante una situación que nos pone en peligro o que amenaza nuestra integridad.  Una crisis emocional es un estado temporal de desorganización y desequilibrio. Situación que genera sufrimiento y que pone a prueba nuestros recursos personales, por ejemplo, ante una pérdida, enfermedad, muerte de un ser querido, etc. Así pues, es posible simplificar que toda crisis alude a un peligro por el sufrimiento que trae consigo la pérdida de aquello que se ha perdido o de lo que está próximo a perder; por su parte,  ocasión u oportunidad,  hace referencia al medio de restauración de una nueva realidad a partir de la crisis experimentada.

Existe una palabra que condensa objetivamente el significado de la crisis: desequilibrio; un desequilibro ocurrido entre un antes y un después. Supone una amenaza de pérdida de los objetivos conseguidos que se presenta envuelta de angustia. Un episodio de crisis, se realiza en el tiempo y, ese tiempo es relativamente breve. La tríada que da forma a toda crisis es: desequilibrio, temporalidad y la capacidad interna de avanzar o retroceder. La crisis emocional, por consiguiente, siempre obliga a tomar una decisión.

Una crisis emocional tiene distintas fases:

La crisis puede ser una forma concentrada de angustia. Dicho fenómeno puede ser descompuesto de manera sencilla en tres elementos diferentes: el estupor, la incertidumbre y la amenaza.

1. Estupor. El estupores un elemento que siempre se encuentra presente: se identifica por el miedo y la inhibición del individuo ante las emociones experimentadas, las cuales son incomprensibles, lo paralizan.

2. Incertidumbre. La "incertidumbre" es el reflejo del asombro experimentado por el sujeto y se traduce como una lucha entre fuerzas opuestas: optar por esta salida o la otra, escoger esto o aquello.  Esta vivencia dicotómica sirve de alarma ante un peligro real o una fantasía latente.

3. Amenaza. El tercer elemento es la "amenaza". Todo desequilibrio presentado implica temor a la destrucción. El enemigo está fuera de uno mismo y se presentan conductas defensivas a manera de desconfianza o agresión. La crisis, en este punto, representa un peligro para la integridad de la mente de la persona.

Muchas de las crisis emocionales que actualmente vivimos los seres humanos de diversos países del orbe, se deben a la actual pandemia denominada COVID 19 que efectivamente nos tiene en estupor, llenos de incertidumbre por la gran amenaza que representa. Como consecuencia genera una serie de crisis de variados tipos, como por ejemplo, una Crisis de Salud.

La Crisis Sanitaria o de Salud Pública: es una situación de alarma o complicada del sistema sanitario que afecta a una o varias zonas geográficas, desde una localidad concreta hasta abarcar a todo el planeta. Suelen originar pérdidas en salud, vidas y dinero, pero a veces, se aprovechan maliciosamente con beneficios políticos o industriales. Su gravedad se suele medir por el número de personas afectadas, por su extensión geográfica, o por la morbilidad o mortalidad del proceso patógeno que lo origina, ahora estamos siendo atacados por  un virus sin cura y con la vacuna aún en proceso, el Coronavirus COVID 19.

La situación actual que vivimos no tiene precedente,  propaga el sufrimiento humano, infecta a la economía a nivel global, donde los trabajadores de todo el mundo podrían llegar a perder hasta 3.4 billones de dólares en ingresos, y pone en riego la vida de las personas. Esta es, sobre todo, una crisis humana que llama a la solidaridad. La humanidad está angustiada y el tejido social se está desgarrando. La gente está sufriendo, enferma y asustada. La pandemia afectará principalmente a los países más pobres, a los enfermos, a adultos mayores y a las mujeres. En estos momentos hay que dar paso a una serie de políticas coordinadas, decisivas e innovadoras por parte de las economías líderes en el mundo. Estamos en una situación sin precedentes y las reglas normales ya no se aplican. No podemos recurrir a las herramientas habituales en tiempos tan inusuales. La creatividad de la respuesta debe estar a la altura de la naturaleza única de la crisis y la magnitud de la respuesta debe estar a la altura de su magnitud. Nuestro mundo se enfrenta a un enemigo común. Estamos en guerra con un virus.

Como consecuencia, tenemos otra crisis, la económica: es la fase de un ciclo económico en la que se da un período de escasez en la producción, comercialización y consumo de productos y servicios. Se caracteriza por sus efectos negativos; siendo "recesión" el movimiento cíclico descendente, "contracción" la que cae por debajo del nivel mínimo del ciclo anterior y "depresión" un caso extremo por su duración o efectos, se produce por la inestabilidad cíclica.

La Crisis Financiera viene agregada, pues es la parte financiera de toda crisis económica. Tratándose de crisis estructurales, involucra al sistema bancario y al sistema monetario, manifestándose con quiebras de bancos y con la reducción del crédito; provocando, cuando los Estados se hacen cargo de las quiebras y rescates bancarios, el aumento del déficit público y, con él, de la deuda soberana, afectando en segunda ronda a la economía real o no financiera, también llamada economía productiva, por referirse al mundo del trabajo y la empresa.

El Coronavirus también conlleva a una Crisis Política:  y se refiere a la carencia de equilibrio en el orden político. Un Estado o sistema internacional es visto como inestable o sufre de inestabilidad si es propenso a un conflicto bélico a gran escala u otros cambios disruptivos. En un sistema político, la inestabilidad o crisis se refiere a la posibilidad de que el sistema fracasará a causa de un mal enfrentamiento de medidas apropiadas, en tiempo para evitar, contener y tratar la pandemia falta de orden en el sistema político y la sociedad, desequilibrios en el enfoque macro socio-político de un país o una región. La coordinación, el apoyo y los acuerdos entre los mandos superiores son determinantes para el éxito en el combate.

Luego vienen Las Crisis Sociales: trascienden a una persona, un pueblo, una nación o varios países y están dadas por un proceso de cambios que amenaza una estructura. Dichos cambios generan incertidumbre, ya que no pueden determinarse sus consecuencias. Cuando los cambios son profundos y derivan en algo nuevo y negativo, se habla de pánico y descontento popular.

Ninguna crisis es de naturaleza neutra. Siempre conlleva un avance o un retroceso; nunca pasa desapercibida por el sujeto afectado, su familia o la sociedad misma. Toda crisis tiene la misma sucesión: conflicto, desorden y adaptación. El generador de la crisis no es el conflicto en sí, sino la respuesta del sujeto ante dicha eventualidad. Es decir, el problema no es el problema sino la respuesta expresada ante el suceso. Por lo anterior, es totalmente natural y comprensible que ante un mismo acontecimiento un sujeto cree una crisis y otro no.

En una situación de crisis se rompe el equilibrio que conforma la salud mental del individuo, o de la colectividad, pero de forma transitoria no permanente. Por otro lado, este desequilibrio puede fortalecer más al individuo, dando pie a nuevas formas de comportamiento o activando mecanismos diversos además de posibilidades que hasta ese momento han sido desconocidas incluso para el afectado. Así pues, la crisis, por sí misma, no es negativa, sino que todo dependerá de la actitud que tome el sujeto ante cualquier eventualidad.

Si tienes fe, no deberías preocuparte por las crisis, ya que esta palabra «no existe» en el vocabulario de la fe. Aunque quizás suene demasiado sencillo, yo te sugiero que, a partir de ahora, cambies la palabra CRISIS, por CRISTO. Las dos empiezan igual, pero te aseguro que el final es muy distinto.

«No le digas a Dios lo grande que es tu problema, dile a tu problema lo grande que es Dios»

Psic. Sara L. Campos. Torre Médica Av. Méndez 1110 Segundo Piso Tel. para consultas en línea 9931498830 Tel. 9933141178

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