Un ambiente ruidoso aumenta el riesgo de desarrollar demencia y ocasiona otros daños a la salud

Un ambiente ruidoso aumenta el riesgo de desarrollar demencia y ocasiona otros daños a la salud
Foto: iStock en Pixabay

Los decibelios (dB) son la unidad de medida del sonido y su escala es logarítmica, esto supone que un aparato con una emisión de ruido de 60db es mil veces más ruidoso que uno de 30dB. Los investigadores han comprobado que el ruido al que nos exponemos a lo largo de la vida podría desencadenar demencia en la vejez. Un nivel perjudicial de ruido puede ser la exposición a más de 85 decibeles (dB) durante ocho horas o 100 dB durante 15 minutos, según la OMS. Para poner el ruido en perspectiva basta saber que en un congestionamiento vehicular nos exponemos a una media de 90 dB mientras que una taladradora o un claxon generan 120 dB. El sonido constante de los aviones puede causar un aumento de la presión arterial y el nivel de estrés en los niños que viven en zonas bajo las rutas de vuelo de aeropuertos, además de provocar un déficit en la adquisición del lenguaje.

En experimentos realizados con animales se ha apreciado que el ruido provoca cambios neuropatológicos indicativos de demencia. En ratones, por ejemplo, la exposición al ruido promueve la producción de beta amiloide en el tejido hipocampal, que es precisamente el origen de las demencias. También se han apreciado procesos de estrés oxidativo, inflamación, cambios degenerativos en las sinapsis y menos frecuencia de activación neuronal. Además, los animales expuestos al ruido presentan una disminución de su capacidad de aprendizaje y memoria. 

La neurotoxicidad del ruido precipita el deterioro cognitivo y la demencia debido a los efectos de los procesos inflamatorios.  Más allá de las consecuencias neuropatológicas, los científicos creen que los efectos vasculares del ruido también pueden desencadenar los procesos de demencia ya que se han relacionado con un aumento de la frecuencia cardíaca, vasoconstricción periférica y mayor riesgo de hipertensión. Todos factores de riesgo para las demencias. No obstante, el principal problema es que el ruido impide que nuestro cerebro descanse, manteniéndolo constantemente en alerta, afectando profundamente la calidad del sueño. De hecho, si estamos expuestos continuamente al ruido, nuestro cerebro se mantiene constantemente ocupado, procesando la información entrante. Nuestra mente queda expuesta a un flujo continuo de estímulos externos que le arrebata el necesario descanso. Cuando tampoco podemos dormir bien, porque el sueño no es reparador y sufrimos despertares continuos a lo largo de la noche, nuestro cerebro tampoco podrá deshacerse de las sustancias de desecho de su metabolismo. Por eso los problemas de sueño se han relacionado con la aparición de diferentes tipos de demencia.

La legislación actual obliga a evaluar los niveles de sonido en altos volúmenes de ruido. Para ello, será necesario identificar primero el riesgo, medirlo para poder evaluarlo y así, aplicar las medidas de control adecuadas. Estas medidas de control pueden ser tanto a nivel organizativo de desarrollo de la actividad, como, por ejemplo: creando programas de mantenimiento de equipos para reducir el ruido de fondo o limitando el tiempo de exposición; como­­ medidas técnicas que actuarán sobre el foco del ruido, como, por ejemplo: seleccionando equipos con menor impacto acústico o sobre el medio, o aislando o regulando el equipo emisor del sonido. También pueden actuar sobre el receptor, mediante el aislamiento o sistemas de protección auditiva individual.

La exposición prolongada al ruido, además de la propensión a la demencia, aumenta la presión sanguínea y el cansancio, entre otras dolencias que detallamos a continuación:

-Disminución de la capacidad auditiva temporal: se considera que un oído sometido a intensidad constante se fatiga y puede tardar entre 12 y 16 horas en recuperarse. Si tras ese periodo persisten los cambios, los daños se consideran permanentes.

- Pérdida de audición: el primer síntoma acostumbra a ser la incapacidad de escuchar los ruidos más altos. Si el ruido persiste en el día a día de esta persona, puede comenzar a afectar los tonos más bajos. Esta pérdida de audición también puede generarse por una exposición breve, pero con fuertes impulsos, como los causados por una pistola de clavos. Los impulsos pueden también perforar la membrana del tímpano y causar tinnitus o acúfenos. Los acúfenos son zumbidos en los oídos causados por una exposición excesiva al ruido. Pueden ser el primer síntoma de que el oído está siendo dañado.

- Aumento del riesgo de accidentes: puede distraer a las personas y serán más propensas a cometer errores. Por ruido, pueden no advertir el sonido de alguna señal de advertencia o les impide escuchar o comprender las instrucciones sonoras.

- Alteración de la comunicación oral: necesidad de elevar el tono de la conversación para escucharse ante el ruido ambiental más elevado de lo normal.

- Estrés: provocado por no poder concentrarse, tener que elevar la voz para hacerse oír, etc. El entorno ruidoso, puede llevar a reacciones fisiológicas como el aumento de la presión que puede ser perjudicial durante el sueño.

- Trastornos del sueño: pueden repercutir en el organismo y podrían conducir a alteraciones crónicas, como alteraciones cardiovasculares.

- La principal consecuencia de los efectos psicológicos del ruido es la sensación de desagrado, molestia y pérdida de concentración. Además, niveles altos de inmisión sonora pueden provocar Trastornos en la salud mental como cefaleas (dolor de cabeza), inestabilidad emocional, irritabilidad, agresividad síntomas de ansiedad, desesperación, etc.

-La exposición al ruido puede aumentar el riesgo de padecer presión arterial alta, angina de pecho o un infarto agudo de miocardio. Esto se debe a una activación de hormonas nerviosas, que va a provocar el aumento de la tensión arterial o la vasoconstricción, entre otras.

APRENDAMOS A DISFRUTAR EL SILENCIO. El silencio es una necesidad de la mente, aunque en el mundo moderno se haya convertido en un lujo. Cuando nos sentamos tranquilamente a escuchar nuestro programa de radio favorito, o una obra musical, nuestro lóbulo derecho cobra protagonismo. Es el lóbulo encargado especialmente de la audición. El lado izquierdo del lóbulo temporal está relacionado con la comprensión del lenguaje hablado, mientras que su lado derecho está relacionado con el reconocimiento de las melodías o ritmos. De hecho, utilizamos los lóbulos temporales para hablar.

Por tanto, el primer paso para vivir en un entorno más silencioso es asegurarnos de no contribuir a la contaminación acústica ambiental. El segundo paso consiste en buscar lugares que nos permitan acceder a un entorno silencioso, más tranquilo, donde dejemos atrás la irritabilidad, frustración, estrés o confusión. Podemos salir de la ciudad para disfrutar del silencio rodeados de naturaleza, lo cual también implica apagar el celular. Se trata de aprender a estar, sin hablar, dejando que ese silencio sanador llegue hasta cada fibra de nuestro cuerpo, para que nuestro cerebro pueda regenerarse. La hipnoterapia y las terapias de relajación suelen aportar grandes beneficios a las personas que presentan alteraciones por el daño acústico ambiental.

Psic. Sara L. Campos Ch. Consultorio Torre Médica Av. Méndez 1110 Segundo Piso Tel 9933141178 Cel 9931498830



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