Economía y Paz

Economía y Paz

 
Sin duda, la obsesión cuantitativa de la economía, muchas veces deja de lado variables cualitativas que impactan de manera significativa, no solo al crecimiento económico, sino al desarrollo y a los niveles de bienestar. Aspectos como la desigualdad en el ingreso, percepción de la corrupción, inseguridad, fenómenos sociales, políticos, etc, son complejos, pero necesarios al momento de medir su impacto en las relaciones sociales de producción y como consecuencia en las tasas de actividad económica.



En 2009 el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), publicó el Índice de Paz Mundial (GPI), mismo que en la actualidad se ha convertido en una referencia para medir y comparar la paz mundial. Cabe mencionar que hoy en día el estudio compara a 163 países en el mundo, y ofrecer referencias importantes de cómo los niveles de paz impactan diversas aspectos socioeconómicos.

El estudio más reciente publicado en 2018 destaca la caída en los niveles de paz en el mundo en un 0.27%. En el mismo orden de ideas México se ubica entre los 25 países menos pacíficos del mundo. El Índice de Paz Mundial se define a través de tres áreas: el grado de seguridad en la sociedad, el alcance de los conflictos nacionales o internacionales y el grado de militarización.

En las últimas mediciones del total de países analizados 92 se han deteriorado en sus niveles de paz, por 71 países que mejoraron su calificación. México es uno de los países en los índices con menor paz a nivel mundial, ocupando el lugar 140 de 163, según la mediciones; siendo el peor evaluado de la región de Centroamérica y el Caribe.

En términos de los temas que abordamos en este espacio, es importante mencionar que impacto tiene el nivel de violencia en términos económicos; según el estudio la violencia a nivel global tiene un costo de 14.76 billones de dólares, lo que equivale al 12.4% del PIB mundial.

No es fácil de medir, sobretodo en términos de “normalidad” el impacto de la violencia e inseguridad en las actividades económicas. En realidad, la violencia distorsiona el funcionamiento de la economía, de los mercados y alcanza en específico tanto al productor como al consumidor; sin embargo si tuviéramos que explicarlo en términos del día a día, tenemos evidencia en México de que los hábitos de consumo han cambiado con motivo de la violencia.

Por poner algunos ejemplos los horarios y comportamientos de asistir a un cajero automático, comprar en una farmacia o ir a una tienda de conveniencia han cambiado, la disposición de dinero en efectivo, la adquisición de bienes de lujo, compra y uso de joyas. En el caso del productor, los horarios laborales, la inversión en sistemas de seguridad como videovigilancia, contratación de personal de seguridad privada, manejo y cobros en efectivo, etc. Hablando en términos más sectoriales, el giro de restaurantes y lugares de ocio o entretenimiento nocturno han sufrido cambios significativos en su operación, por otro lado el turismo hacia ciertas regiones se ha visto afectado significativamente.

Finalmente, para dimensionar en términos comparativos la situación de violencia en México, es importante destacar que se encuentra por encima de algunos países que recién han vivido guerras o guerrillas y en condiciones de extrema pobreza como Ruanda, Etiopia, Kosovo y Bosnia-Herzegovina.
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