‘Gritos y Sombrerazos’

‘Gritos y Sombrerazos’


Se acerca el último grito del presidente Peña Nieto. El rito anual de independencia que congrega en el Zócalo a los habitantes de la CDMX y turistas que no desean perderse el muy cuidado ritual que da la vuelta al mundo. El grito de Dolores del cura Hidalgo, es el alumbramiento de la nación mexicana. A lo largo de los años, los gobernantes con sus ocurrencias han desvirtuado el rito para incluir personajes, situaciones y vivas a su antojo. Se antoja normal en un país autoritario donde los dueños del poder en turno, se mofan del pueblo como arlequines, dejando de lado el valor histórico y la solemnidad que revistió en su momento el inicio de la independencia. Fueron cientos de vidas las que se jugaron en esa revuelta clerical comandad por los sacerdotes católicos Morelos e Hidalgo. Este último apodado “el zorro” y al que según algunos, en voz baja, le llamaban el “cura cabrón”.


La ciudad de Dolores, un átomo dentro del concierto de las grandes ciudades señoriales como Guadalajara o la CDMX; era una de una cincuentena de capillas y ermitas que estaban bajo la autoridad espiritual del cura Hidalgo. De allí a Atotonilco, son unos pocos kilómetros que se recorrían a pie. Esa noche, la turba escuchó la famosa arenga: VIVA EL REY FERNANDO VII, VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE, MUERA EL MAL GOBIERNO! El cura jamás sonó las campanas. Se habla de un sacristán que lo hiciera, como corresponde en los ritos católicos. La versión romántica que nos llega hasta hoy, ciertamente dista mucho de lo que ocurrió aquella noche. Se envalentonaron pues los independentistas y con palos y machetes, partieron rumbo a la hacienda de la “R”, donde el cura celebró frente a un mezquite, su última misa. Una placa recuerda ese momento y la frase del cura: “Adelante Señores, Vámonos, ya se le ha puesto el cascabel al gato, falta ver quienes son los que sobramos”. Algunos agregaron a esa frase “ha llegado la hora de ir a coger gachupines” que era el nombre despectivo para los señores españoles. La hacienda de la Erre hoy está tristemente en Ruinas y el Mezquite es visitado por mucha gente, con devoción. El árbol santo, hoy permanece de pie y ha sobrevivido a sequías e inundaciones. Allí colgó su crucifijo sacerdotal el cura. De allí tomaron alimento, el espiritual y el material; además de unos cuantos cañones y artillería que el cura, tenía ocultos previo al alzamiento. El estandarte de Guadalupe no fue una ocurrencia.


Les quedaba al paso la capilla indígena que hoy es considerada la “Capilla Sixtina” de América Latina, en el pueblo de Atotonilco, dedicado a Jesús el Nazareno y considerada Patrimonio de la humanidad por la Unesco. De allí tomó el cura Hidalgo el estandarte y partió rumbo a Guanajuato a su cita con la fatídica noche de la Alhóndiga de Granaditas. Tristemente el paradero del estandarte original, resguardado de antaño por los cadetes en el Castillo de Chapultepec, es desconocido. El pueblo se fió de la Guadalupana, la virgen Morena, indígena, de habla Nahuatl, para gritar por su libertad, de manos de un valiente sacerdote. Resuene su voz como un eco, una flama eterna, que nos recuerde siempre nuestra vocación humana: ¡MUERA EL MAL GOBIERNO!

Un corto video que puede ayudar a remembrar la historia: https://www.youtube.com/watch?v=xURlmtLWsmc&frags=pl%2Cwn

Mtro. Roberto Valencia
Filósofo y Teólogo
www.parroquiadesanmarcos.com

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