‘La Baja Productividad como Resistencia’

‘La Baja Productividad como Resistencia’


Nos preguntamos porqué la desidia de muchas personas para hacer de nuestro país algo grande. Porqué en las empresas del Estado, pero también en muchas empresas de la iniciativa privada, existe un ambiente generalizado de bajo interés por la productividad. Los signos de hartazgo, malestar, cansancio, desembocan en malos servicios, productos mal empaquetados, un desinterés por la calidad total o por disminuir los índices de garantías o devoluciones, etc.


Tal vez estemos reproduciendo el esquema de la Alta Edad media, en la época de la esclavitud, donde el esclavo boicoteaba la productividad, como un modo de resistencia. Hoy existen altísimas exigencias laborales, el estrés, aunado a los bajos salarios, los malos ambientes, comedores, baños, áreas comunes indignos para los obreros, en las empresas. ¿Ha visto usted dónde comen y se asean los trabajadores de los centros comerciales, oficinas gubernamentales, gasolineras, franquicias, incluso hospitales?


El capitalismo moderno también sofistificó el acoso laboral. Va a la alza el MOBBING o BOSSING, es decir, el que es producido por los jefes o compañeros de trabajo. Son numerosas las demandas laborales en curso y ya son insostenibles los laudos sin pagar.

La Alta edad media no mejoró la situación del esclavo. Tristemente había una ideología que sostenía tales injusticias, por ejemplo, Isidoro de Sevilla en el siglo VII. Considerado como el hombre más sabio de la época, arzobispo de Sevilla, Santo, teólogo e historiador y doctor de la iglesia, sostenía que “los amos han sido instituidos divinamente para castigar a los esclavos siempre propensos al mal”. Muchos piensan hoy, con ideas feudales, que el pobre es pobre por flojo y el rico es rico porque Dios lo ungió desde la cuna. Incluso hay quienes sostienen que hay “enfermedades propias de la pobreza” en nuestro siglo (¡). En el medioevo, el esclavo, como el obrero de hoy, no mejoraba su situación. Era azotado, mutilado, sin justicia que medie por el.

Para castigar su baja productividad o desobediencia, se autorizaba la horrenda mutilación de sus miembros. La mutilación era calculada: dejaban en buen estado los miembros de la fuerza de trabajo, pero en caso de revuelta (huelga) tocaban la lengua, labios, pies y ojos. Los esclavos se oponían como podían: sabotaje de herramientas, maltratando al ganado y animales de tiro, poco rendimiento o pereza, la última opción era la huida. Los fugitivos quedaban fuera de la ley y podían ser abatidos por cualquiera: debían ser devueltos a sus amos y había pena de muerte para los encubridores.

Cuando miramos marchas y plantones de médicos, maestros, campesinos, estudiantes y un largo etcétera, vemos mucho más que un problema político. Los políticos descalifican todas las manifestaciones fácilmente para ocultar su ineptitud o fracaso, señalando que esas causas sociales están siendo utilizadas por partidos políticos o manipulados con fines de inestabilidad. Lo que no ven, es la afrenta a la PRODUCTIVIDAD DEL ESTADO. Tanto descontento social, incide necesariamente en todos los índices de bienestar. Nadie se siente contento. Vuelta a la esclavitud. Vuelta a la BAJA PRODUCTIVIDAD COMO RESISTENCIA. Vuelta al feudalismo medieval.

En la edad media existieron otras formas de lucha: automutilación, rechazo de la procreación, aborto, rapiñas, robo, destrucciones, incendios de cosecha. Hoy vemos gente que derrama su sangre con agujas (sangrías), protesta desnudándose, huelgas de hambre, bloqueos, plantones, matanza de cerdos, derramamiento de leche y cosechas… las formas de lucha son variadas y creativas. Quizá la más complicada forma de boicotear la producción, es el Huachicoleo, saquear sin importar los riesgos, incluso la propia vida, el combustible de la nación. Más allá del aspecto criminal de las mismas, no dejan de ser una manera de resistencia de un país cuyos ciudadanos, todavía no asumen el reto de despegar como una civilización sólida fundada en el derecho y la justicia. El feudalismo, dejó sus raíces de odio y discriminación para que renacieran en el capitalismo. Este capitalismo neoliberal hizo más miserables a los mexicanos que ya eran pobres y otorgó a manos llenas cuantiosas riquezas, a un puñado de privilegiados (señores feudales) que como la pirinola vinieron, giraron un sexenio y se llevaron todo. Existe una fundada esperanza que este dinamismo neoliberal se revierta y los obreros mexicanos (incluidos campesinos, indígenas, ninis, millenials, profesionistas desempleados, etc) gocen de un mejor futuro, mejor salario, mejores condiciones laborales. Que se revierta la baja productividad como resistencia y al fin, despeguemos como país, a elevar la calidad de vida y consolidar una clase media pudiente, pujante y productiva.

Roberto del Carmen Valencia Aguirre
Filósofo y teólogo

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