
El 5 de mayo algunos estados del país protestaron contra el gobierno de AMLO. La nombraron marcha del silencio, pero rápidamente las redes la difundieron como “marcha fifí”. Toda manifestación pública merece nuestro respeto e interés. Es un derecho humano.
Evidenciando orgullo de un IQ por encima del promedio nacional, algunos de los manifestantes presumían sus carreras, doctorados, maestrías, universidades, cursos de alta educación superior o empresarial. Siendo una manifestación destinada a convocar y aglutinar las inconformidades respecto al gobierno de la 4T, optar por este sesgo de “inteligentes” vs “descerebrados”, fue un completo desatino. Las redes hicieron pasto entre otros, de un empresario jactándose de sus hazañas “inteligentes” frente a sus obreros de “cerebro chiquito”, porque ellos “son así”.
Realmente hay dentro de las filas de la 4T signos inquietantes que van sembrando la duda en la ciudadanía. Era una oportunidad de oro para evidenciar un movimiento de oposición en el país y los liderazgos ciudadanos frescos, oportunos, auténticos disidentes. Pero no fue así. Pudieron incluso lograr el efecto de despertar conciencias, provocar análisis, encender debates y dejar en la opinión pública una banderilla rescatable de sus legítimas demandas. Pero no les alcanzó por desgracia, para arrebatarle A LA RAZON, un sí desesperado que legitimara el malestar que lentamente aflora contra el gobierno ecléctico y dicharachero de AMLO. Nos hubiese gustado sumarnos a ese contingente con banderas ciudadanas inclusivas. Un ex presidente marchando contra el gobierno, enojado por el retiro de sus privilegios ocupó las notas nacionales eclipsando al contingente de ciudadanos bienintencionados. Al final del día la marcha fue manipulada políticamente por los tiburones de la vieja escuela. Otra sin razón.
La filosofía de la inteligencia supone el amor a la verdad y esta implica aceptar la realidad social de nuestro país. Les faltó mucha inteligencia a los organizadores, para capitalizar el descontento de la refinería, el aeropuerto, el tren maya, la desorganización de los programas sociales, la violencia. No bastan pataletas a lo Jorge Ramos o discursos tipo “brozo” contra el gobierno. Se requiere más inteligencia para enfrentar un gobierno macizo con un enorme poder y que aún disfruta de la dádiva ciudadana. Se requiere más inteligencia, socializar los argumentos, hacer ver a los ciudadanos la marcha de la razón.
Ningún inteligente sostiene que estemos en un socialismo, cuando los signos son más bien de un capitalismo muy de amigos, un liberalismo-RETRO. Ningún pez gordo juzgado, mucho maquillaje, mucha forma, poco fondo.
Los detractores del peje, carentes de originalidad, se ajustan a la moda del intelectualismo francés. Copiando la idea de “chalecos amarillos MX”, los manifestantes de una oposición “líquida”, vaporizaron cualquier consigna creíble, razonable o verdadera. Por cierto, el movimiento de chalecos amarillos en Francia, siendo estudiantil y ciudadano, devino en un terrible vandalismo que puso en jaque el liderazgo del presidente Emmanuel Macrón, sin lograr su renuncia ¿Ese es el mensaje? ¿Ese es la estrategia de la oposición en México?
México no es Francia. El ángel de la independencia no es la Sorbona. Los organizadores pensaron que este México “inteligente” estaba preparado para una explosión ciudadana de inconformismo, en la CAPITAL DEL PAÍS. Se toparon, con un montón de “descerebrados” que simplemente usaron su IQ y no se sumaron a una marcha inoportuna (a cinco meses de gobierno) y desangelada (aunque haya sido en el ángel de la independencia).
Perdieron la oportunidad de oro.
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