
A la pregunta “¿quieres tener hijos?”, la respuesta de muchos jóvenes es NO, porque están mucho más interesados en sus carreras y su desarrollo profesional, y no pueden imaginarse un futuro donde haya que cambiar pañales y educar sobre valores a un pequeño. Como resultado de este fenómeno, las tasas de natalidad están disminuyendo en diferentes países y regiones.
La mente abierta con la que han crecido las nuevas generaciones también tendría mucho que ver con esta filosofía de vida. Aunque en un pasado, el propósito de cualquier ser humano era formar una familia numerosa, garantizar la descendencia del apellido y llegar a viejo acompañado; hoy, gracias a los cambios sociales, los jóvenes creen que hay más de una forma de tener una familia, y muchas de estas no incluyen necesariamente un hijo. A esto se suma, que tanto hombres como mujeres, tienen más posibilidades de decidir sobre sus cuerpos en la actualidad.
Este hecho no es una mera percepción, sino que ha sido comprobado a través de un estudio que demuestra que entre los años 2007 y 2012, las tasas de natalidad se han reducido en al menos un 15%. El estudio elaborado por Urban Institute sostiene que las mujeres entre 20 y 30 años no están teniendo hijos como antes, lo que se traduce en una reducción global de la maternidad, y señala a los jóvenes modernos como los mayores responsables. Movimientos globales como los ‘childfree’ (sin hijos), con un nuevo matiz argumental se suma a la conversación. Conforme la conciencia verde permeabiliza numerosas áreas de nuestras vidas (vivienda, transporte, alimentación, vestimenta, tecnología, etc.), desde sectores de la sociedad se preguntan por las implicaciones de la paternidad en un sentido ambiental. ¿Y si tener hijos no fuera lo más sensato en términos ambientales? Así surgieron en los últimos años subculturas como la de los ‘ginks’, acrónimo de ‘green inclinations’, no ‘kids’ (sin hijos, con inclinaciones verdes), que se preguntan acerca de la paternidad como práctica sustentable para el planeta, en particular teniendo en cuenta fenómenos como la superpoblación, la escasez de recursos y el calentamiento global.
Un nombre surge de otro rótulo, los ‘dink: double income’, no ‘kids’, en relación con las parejas con doble ingreso pero sin hijos. Esta pareciera ser una versión ‘eco-friendly’ de aquella surgida en el ‘boom yuppie’ de los 80. Una generación con chip verde. El tema de los hijos lo hemos tratado de una manera muy poco constructiva como sociedad: pensamos que es una cosa impuesta, que ‘toca’ hacer, y no algo que debería hacerse a conciencia, pensando no solo en el bienestar propio, sino en el de nuestro entorno y de los otros habitantes del planeta. He oído a muchas personas hablando de tener hijos porque quieren alguien que los cuide cuando estén viejos, porque quieren salvar un matrimonio, como si los hijos lograran eso, o porque quieren “mantener” el apellido como si estuviéramos hablando con familias de la realeza.
Lo que para nuestros padres o abuelos era un futuro distante, para muchos se siente como un futuro cada vez más cercano. Hay una sensación de que las generaciones previas no tenían que lidiar con estas dolorosas preguntas éticas. Algunos se preocupan por la calidad de vida de los niños que nacerán, sabiendo además que tener un hijo es hoy una de las acciones más costosas en un sentido ambiental.
Algunos jóvenes adoptan una alimentación vegana por amor a los animales y por la postura que existe sobre la contaminación ligada a la ganadería, el asesinato, el comercio y explotación animal. Elijen no tener hijos porque les parece que antes de seguir sumando cantidad de humanos a este mundo, hay que mejorar la calidad de los que ya hay.
Decidir tener o no un niño –aparte de las implicaciones personales y culturales por ponderar– plantea una serie de consideraciones vinculadas con la huella de carbono que cada individuo deja, al igual que sobre las condiciones de vida de las generaciones venideras. Estudios han demostrado que tener un hijo aumenta la huella personal por seis. Un informe publicado el año pasado por ‘The Guardian’, decía que el ahorro más significativo que se puede hacer es tener un hijo menos, por encima de otras acciones como reciclar, tener un carro híbrido, o no tener, evitar vuelos transatlánticos y emplear energías verdes. También habría que distinguir entre el deseo de formar una familia y el instinto de reproducirnos. Como especie ya hace mucho dominamos nuestros impulsos, y la selección natural o la supervivencia no se dan precisamente por cuestiones naturales. Hay algo egoísta en querer que nuestros hijos sean genéticamente una copia de nosotros.
En caso de tener un hijo, ¿Qué tipo de vida le podría dar? Ya nos ha tocado presenciar animales que se han extinto, que nunca conoceremos, la contaminación del aire que en muchos lugares la vivimos fuerte, los problemas de salud con las carnes, adaptarse a todo eso no es ni será fácil. En realidad esta tendencia no es nueva. En el mundo ya existen movimientos sociales que priorizan el hecho de no tener hijos por razones ambientales o simplemente porque nunca tuvieron ese deseo.
Esta respuesta se replica en todo el mundo. En Europa, por ejemplo, un estudio publicado en 2017 por el Instituto Demográfico de Austria, afirma que existe una gran posibilidad de que la falta de hijos llegue a su punto máximo en los próximos años. Y una de las razones cruciales en países como España, dicen los expertos, serían las políticas públicas actuales que estarían obligando a los “millennials” a elegir entre tener un trabajo o un hijo. Para nadie es un secreto que pagar un arriendo, comida y gastos mensuales es un desafío muy grande para las nuevas generaciones que son una de las peores pagas.
En este contexto, ¿cómo sería posible mantener a un niño? Desde hace un buen tiempo los jóvenes empezaron a ser conscientes del impacto negativo que genera la vida humana en el planeta. Son sensibles a todas esas cosas. Y leyendo encontré varios estudios que decían que ni siquiera una vida entera de reciclaje podría compensar el hecho de tener un hijo.
En algunos casos algunas parejas quieren tener hijos propios, pero si pensamos un poco más globalmente, en todo el mundo hay niños huérfanos y sin padres. Podemos pensar entonces si el deseo es reproducir nuestros genes o formar una familia y criar hijos, y quizás sea una opción para una pareja perfectamente sana la adopción de un niño sin padres.
Teniendo en cuenta que para 2050 la población se calcula en 9.800 millones, también existen opciones que intentan balancear deseo y responsabilidad. Otra postura es tener hijos propios, con el compromiso de formar a las futuras generaciones como ciudadanos responsables que sean quienes cuiden el planeta.
Puede que esta generación haya postergado la paternidad para más adelante, y los jóvenes piensen tener hijos cuando sean más mayores, entre los 30 y los 40 años, pero algunos datos demuestran que la tendencia por no procrear va en aumento. Los valientes que deciden tener hijos, solo tienen uno, lo que se traduce en una reducción de los nacimientos si tenemos como referencia las décadas anteriores, donde tener 2, 3 o 4 hijos era totalmente normal.
Las opiniones están divididas. Mientras que algunos critican por hacer pública una decisión tan íntima de no tener hijos, otros no los bajan de egoístas, y muchos más aseguran que se arrepentirán en un futuro. Algunos comentan ¿qué sería de ustedes si sus papás hubieran hecho lo mismo?. Un hijo nunca es un error, es una bendición. Nunca van a ser felices. Son egoístas, opinan los que están en contra de la decisión. Pero algunos argumentan que su decisión no fue tomada a la ligera. Lo pensaron mucho tiempo. Y finalmente llegaron a la conclusión de que si no se despertó el instinto en todos estos años no iba a suceder nunca. Si bien hoy no es mal visto que una pareja no tenga hijos, la polémica demuestra que sigue existiendo un tabú. Hay presión en el entorno social, incluso con los propios médicos. “La primera vez que fuimos al doctor a averiguar sobre la vasectomía, el Dr. nos dijo que no estaba de acuerdo, que deberíamos tener al menos un hijo”, además la pregunta de los familiares y amigos casados siempre es la misma: “¿Para cuándo los niños? ¿Cuándo se van a casar?
Según la mayoría de los que piensan así, es la decisión más coherente con el mundo, pues no solo habrá menos humanos contaminando, sino que los potenciales padres se ahorrarán el dolor de cabeza de tener que criar a un hijo en las difíciles condiciones que atraviesa la humanidad: pobreza, polarización y mala educación.
Esta generación es una de las menos entusiasmadas por tener hijos. A continuación, te doy una lista con sus razones:
1- El mundo ya es un lugar terrible: a veces la decisión de no ser padre pasa por un lado más filosófico y se trata de no querer traer un ser a un mundo que ya no tiene salvación. Ya hay suficiente miseria, pobreza y destrucción en el mundo, y muchos jóvenes consideran que eso es un motivo suficiente para no tener hijos y exponerlos a un sitio como este, en el que van a sufrir tanto ellos, como sus pequeños.
2- Las personas tienen hijos por razones egoístas: es lo que creen muchos jóvenes sobre la paternidad. Consideran que las personas tienen hijos como una suerte de experimento, para ver qué sale de ellos y qué tan bien los pueden educar. Los jóvenes de esta generación no están dispuestos a tratar a un ser humano como un bicho de laboratorio o un espejo donde admirarse a uno mismo.
3-Somos demasiado pobres: si bien son la generación con más educación, son la que recibe menos paga por su trabajo. Para los jóvenes, sobre todo para los de la generación “millennials”, pagar una renta, la comida y los gastos mensuales ya resulta todo un desafío, y ni qué hablar si aún tienen deudas escolares que pagar. En este contexto ¿cómo sería posible mantener a un niño?, ante la duda, prefieren no tener hijos y así les evitan pasarla mal.
4- Prefiero mi vida profesional: la mayoría de los jóvenes de esta generación no pueden imaginarse un futuro sin crecimiento profesional, dedicando casi todo su tiempo a la vida laboral. Hay quienes parecen no haber nacido para ser padres, pero sí para ser buenos profesionales, y esto es lo que la mayoría de los jóvenes de ahora piensa de sí mismos. No quieren tener un futuro de pañales y reunión de padres, quieren dedicarse a ser los mejores en su sector profesional.
5- Tener hijos no soluciona nada: muchos jóvenes, hijos de padres divorciados, temen lo peor para su futuro si tienen hijos y las cosas no funcionan. Ellos conocen muchas parejas que han tenido hijos porque quieren solucionar su matrimonio, porque es lo que dictamina la sociedad o simplemente, porque estaban aburridos. Los hijos no son parte de una solución, son parte de un problema que puede evitarse para ellos.
6- No necesito motivos para no tener hijos: y si ninguna de las razones anteriores es suficiente, los jóvenes dicen que no necesitan razones para justificar por qué no quieren tener hijos. Así como las personas no justifican por qué les gusta o no el chocolate, lo que haga una persona con su vida personal es problema de ella, y no necesita justificarse frente a los demás.
Sin duda, existen numerosas razones personales para no tener hijos, como también existen razones para tenerlos y poder convertirse en padres. Y tú ¿qué piensas sobre esta nueva tendencia? La elección de no tener descendencia, considerada por mucho tiempo un acto egoísta o frívolo, y analizada desde esto puntos de vista se convierte en una decisión responsable y comprometida. Para algunos de ellos el no tener hijos implica un sacrificio pues se quedarán sin saber lo que se siente ser madre o padre y disfrutar del cariño de un hijo.
Psic Sara L. Campos Chavolla Torre Médica Av. Méndez 1110 Segundo piso Tel 9933141178 Short Link: http://bit.ly/2Zd9SgI

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