
En Tabasco no existe una estrategia para atender el problema de la frontera sur, con la cada vez más critica migración de jóvenes y niños. El mundo se nos vino encima con esta oleada de migrantes hondureños. Si bien entraron por el río Suchiate, Chiapas; no es descabellado que puedan hacerlo multitudinariamente por la zona limítrofe en Tenosique.
La entidad ha sido vitrina nacional por las reiteradas denuncias de secuestros, extorsión y toda clase de vejaciones por parte de miembros corrompidos del Instituto Nacional de Migración (INM), reiteradamente señalados por el CODEHUTAB y Fray Tomás González, director de la Casa del Migrante La 72, en Tenosique. El Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM) denunció que se desató el terror y se disparó la violencia contra los migrantes: “llegó Humberto Mayans, y se disparó la violencia oficial contra los migrantes” (Proceso Núm. 2190).
El caso emblemático entre esas rispideces fue la negativa en agosto de 2014, para que el Obispo de Tabasco, celebrará la misa en la zona fronteriza, quien tuvo que cruzar el río y celebrar la misa en Guatemala, del otro lado de la frontera. Este gesto le mereció un reconocimiento de “pleno apoyo” del Papa Francisco a través de la Santa Sede.
El asunto es muy serio. Nuestro estado en la última década ha experimentado una expansión migratoria que poco han advertido los politólogos, analistas y asesores de los gobernantes. No lo han prevenido o no lo han querido afrontar. Con un corolario extenso, la migración se asentó en Tabasco para bien y para mal. Comunidades que huyen de sus países de origen por motivos políticos y económicos. Tal es el caso de la comunidad venezolana, colombiana, peruana, ecuatoriana, argentina, costarricense, por citar algunos de nuestro continente, pero igualmente encontramos migrantes de Europa, Asia y Norteamérica. Extranjeros cuyo destino es engrosar las filas de empleados de alto nivel de las nóminas petroleras y que para ser sinceros, no siempre han sido bienvenidos por la difícil cultura de los villahermosinos. Hemos recibido de todo, con la riqueza de las culturas de las naciones; su gastronomía, música, religiosidad…esa cosmovisión compartida de ser latinoamericanos, tan iguales y tan diferentes.
En no pocas ocasiones las críticas de tabasqueños debo reconocerlo, son abiertamente racistas y xenófobas. En voz baja los critican: que vienen de otros países “trayendo su estilo de vida”, “sus costumbres”, “sus deseos de gente bien”, “wanabe, clasemedieros que allá se morían de hambre y que acá desean vivir como reyes”, que han metido “hasta sus santos en nuestras iglesias”, que son “enchufados” (una especie de chavistas encubiertos) ú “oligarcas”, perseguidos por el chavismo, que si los “colegios privados están repletos de ellos”,etc. La variedad de expresiones discriminatorias, los chistes de mal gusto, los rumores, son variados.
El tabasqueño no ha aprendido, es más ni se ha percatado de la importancia y trascendencia de ser frontera, de ser cosmopolita y de estar llamados a ser un estado cada vez más cosmopolitano. En redes sociales he visto compañeros de “buena educación” y “clase social”, con expresiones furibundas contra los migrantes centroamericanos. Parece que los acaban de descubrir. No saben que tienen décadas durmiendo bajo los puentes, en los parques y toreando a la migra en las madrugadas en las inmediaciones del ADO. No los han visto caminar de noche por las aceras con sus mochilas semivacías, en los semáforos mostrando su carnet de identidad, pidiendo una moneda para seguir su camino. Cada vez más, cargando con sus críos. No los hemos querido ver ni recibir. La iglesia silenciosa los ha atendido en las parroquias por curas que arriesgándose, les dan cobijo, alimento, asilo, medicamentos, y en algunas ocasiones alguna ayuda para el camino. Es un drama humano con todas sus letras.
Tenemos que asumir, que el progreso de nuestro estado está refundándose con la oportunidad única de tener un presidente tabasqueño. Esta coyuntura histórica no sabemos cuándo vuelva a repetirse. Eso significa que nuestros diputados y líderes sociales, deben ponerse las pilas para elaborar un proyecto integral de atención a los migrantes, pobres ó ricos, por razones de trabajo y de estudio. Al extranjero con maestría y doctorado lo criticamos, porque viene a quitarnos los mejores puestos de trabajo y al pobre por su indigencia.
No debemos de dar respuestas viejas a problemas nuevos. Este es un gran problema y debemos afrontarlo en grande. Es la gran oportunidad de mirar este fenómeno con una cultura humanista y del ENCUENTRO. Paul Ricoeur sostenía que tenemos un adeudo con la moral de la alteridad, el acercamiento con el otro (alter ego= otro como yo, otro yo), en este caso, el extranjero. Es tiempo de fincar las relaciones interhumanas desde la reciprocidad. Entre mi “yo” y el “otro”, está la dimensión social, ética: la justicia.
Es tiempo quizá, que el legislativo analice un proyecto de Tratado de Libre Tránsito de personas entre la frontera sur y Centroamérica. No seremos el muro de Donald Trump, ni el embudo del país, ni la bisagra de la migración, tampoco una ficha más en el complicado tablero de la geopolítica electoral de los países cercanos, que instrumentalizan el tema migratorio, para generar miedo e inducir el voto. Es un problema mayor. Tenemos que ser los actores y gestores del problema.
Miremos el caso de España con los balseros marroquíes, o el caso de los Italianos. Un saldo de miles de muertos (España 2,561 muertos en 2017 según la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU), víctimas mujeres y niños, que además de “daños colaterales” de esta guerra silenciosa, son auténticos fratricidios (frater=hermano). Esta cifra aumentó 46.8% en 2018. Estamos dejando que mueran nuestros propios hermanos de la especie humana. La foto de Aylan, el niño Sirio que pereció ahogado en playas de Turquía, se repite en nuestra frontera sur día a día, cruzando el río y bajo las vías de la Bestia, el tren de la esperanza.
La migración es un derecho humano, así como la solicitud de asilo. Pierden su tiempo en redes sociales quienes desconocen, que estemos o no de acuerdo con ella, son derechos inherentes a la persona reconocidos por organismos mundiales.
El Congreso local debería iniciar legislando contra LA APOROFOBIA y todo tipo de discriminación. No sólo para grupos minoritarios, sino aquellos específicamente rechazados por su pobreza: indígenas, campesinos, desempleados y migrantes que son maltratados en las calles, centros comerciales, plazas, cines y restaurantes. No es ninguna solución relegarlos a vivir bajo los puentes, campos de refugiados o cinturones de miseria. Tenemos que abrir los ojos y entender que nuestra sociedad no avanzará sin ellos. Habremos de buscar la manera de incluirlos en el esquema productivo, educativo y social, para que todos tengamos futuro.
Si bien, las razones que originaron esta catástrofe escapan de nuestras manos, las consecuencias de la misma sí que podemos administrarlas responsable y éticamente con una respuesta humanitaria.
La experiencia de ciudades típicamente migratorias como Nueva York o Miami nos demuestran que es posible darle un giro epistemológico a la manera de entender las nuevas manifestaciones migratorias. Ya no son individuales sino en grupo, no son sólo varones sino mujeres, no sólo adultos sino un componente alarmante de niños, el crimen organizado de algún modo se hace presente y los políticos hallaron un jugoso rendimiento electoral de la manipulación mediática de los mismos. No es inteligente ni audaz, dar las mismas respuestas de antaño a fenómenos nuevos. Una vez en Manhattan encontré un indígena oaxaqueño sirviendo en una tienda, dominaba perfectamente el inglés sin haber aprendido el español. Un Juárez posmoderno. Fenómenos de la globalización que aplaudíamos hace cinco años y de la que vertiginosamente reculamos para avergonzarnos de lo que nosotros mismos hemos provocado.
En el continente, Panamá es quizá una de las ciudades que mejor capitalizó el bono demográfico. Supo recibir oleadas de migrantes en torno a la construcción faraónica del famoso canal.
No es fácil darle respuesta, pero si es posible revertir la migración como causa de todos los males, a un circulo virtuoso, de integración, encuentro y desarrollo productivo (I-E-D). Filósofos, sociólogos y juristas deberían estar ya trabajando en ello, por el autoritarismo del Leviatán Trumpiano que pretende imponerse por la “fuerza absoluta del estado”.
Tabasco puede ser el nuevo Panamá del continente, salvadas las diferencias. Tierra de promisión, si como se sostiene, será un estado-eje del desarrollo del país, en temas de energía, agro y acuacultura, con una alentadora construcción del “Tren maya”. Lo primero que tenemos que hacer los tabasqueños es no tener miedo ni dejarnos embaucar por ideologías conservadoras con discursos de pobre nacionalismo patriotero. Tenemos que mirar objetivamente el problema y considerar cómo acoger y sacar provecho en buen plan, de la mano de obra de otros países hermanos; ofreciéndoles condiciones urbanas y servicios sociales.
En una visión autodestructiva de la migración, debemos evitar nuevamente el fracaso del foxismo, que aseguraba que los mexicanos en Estados Unidos, hacen los trabajos “que ni los negros quieren hacer”. El mismo ex presidente rancio que quería “la enchilada completa” y que recibió según su propia metáfora, puro chile.
Ciertamente la visión del tabasqueño sentado en su hamaca, tirando un anzuelo al río, bebiendo pozol y comiendo empanadas; embriagándose hasta el tope, podría cambiar al sentir la amenaza no del “migrante”, sino de la competencia, la mano de obra que sí quiere trabajar.
Sería una buena experiencia que los abuelos y padres que ahora son dueños y señores de Tabasco, cuenten a sus hijos de dónde vienen sus familias y sus fortunas. Las grandes familias “bien” de las páginas de sociales, los dueños de las grandes empresas, son de origen libanés, español o italiano. No sólo fueron los primeros migrantes en Tabasco, sino sus colonizadores. Los hombres más acaudalados dueños de periódicos, restaurantes, hoteles, petroleras, constructoras, etc…vienen de Chihuahua, Tampico, Nuevo León, Veracruz, Campeche, Yucatán, Chiapas y la lista es larga. Por ello resulta doloroso en redes sociales, ver expresiones xenófobas y racistas, de quienes un día llegaron a probar fortuna en Tabasco y ahora se erigen en canes que desean cerrar la compasión y la ayuda que antes ellos pidieron para sí, a otros pobres y necesitados.
Hace años nos invitaron a escuchar las propuestas del candidato Arturo Núñez en el auditorio del Colegio Villahermosa. Pregunté abiertamente ¿Cuál es su estrategia para atender el problema migratorio de la frontera sur? La respuesta fue un discurso bonito de esos que repite muy bien citando a sociólogos, filósofos y politólogos. Era un día soleado. Hoy entiendo que como en todo lo demás, con dolor sincero lo digo, nos quedó a deber. En temas migratorios, nos empantanamos. Arturo Núñez defraudó nuestra esperanza y nuestro voto, dejando un mal olor a corrupción.
Toca a los que tomarán el mando, poner en su agenda como punto prioritario a TABASCO COMO TIERRA DE PROMISION. La frontera sur, nos urge una respuesta estructural, interdisciplinaria, humana. El migrante no espera, tiene demasiada hambre.
Post Script. El cristianismo nació de la premisa de la “pascua”. Yahvé liberó a su pueblo del Faraón en Egipto y les hizo un pueblo migrante por 40 años en el desierto buscando la tierra prometida. Jesús celebraba este suceso fervorosamente como judío que era. Todo cristiano ha de considerar que en nuestras raíces está firmemente arraigado el respeto al migrante: “Este es un día para recordar para siempre: Es el día en que salieron de Egipto, donde eran esclavos” (Ex13,3). Hay una extensa teología en torno al migrante en la escritura sagrada. Baste recordar que Jesús pone al samaritano (extranjero y pagano) como ejemplo de compasión y misericordia ¿Estaremos cerrando la puerta a Dios? La consistencia entre lo que opinamos los cristianos en redes sociales, se confronta con lo que hacemos, abrir o cerrar la puerta a la misericordia. No hay medias tintas, sí o no. Los cristianos tenemos un paradigma claro y un mandato “ipsissima verba iesu” (directo e incuestionable de la boca de Jesús): "VE Y HAZ TU LO MISMO" (Lc. 10, 25-37).
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