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Tabasco, 'dinero llama dinero': inversiones y efecto multiplicador

11/Dic/2018 | Por: Faustino Torres | ftorres_1@hotmail.com


Vivimos en un mundo donde el debate eterno entre Estado vs Mercado, no cesa ni cesará; por muchos siglos la sociedad se ha obstinado en encontrar esa ecuación de balance ideal de combinar lo público con lo privado; más ociosos no podríamos ser. Buscar la perfección y optimización permanente de lo público y lo privado es un proceso inacabado con tendencias infinitas.

Desde la perspectiva histórica, política, económica o sociológica, modelos y teorías combinadas, han logrado acertar en el diagnóstico (ahí no hay duda), la complejidad está en la receta para impulsar el desarrollo económico y social. En el caso mexicano, es el sur-sureste quien prominente en cultura, recursos naturales y humanos, también ha estado al margen de la infraestructura y de la apetencia de los inversionistas nacionales e internacionales, quedando rezagado en muchos aspectos.

Hoy la agenda nacional inicia y tiene su epicentro en el sur; seguramente muchos inversionistas de la industria energética se preguntan en diversas latitudes del mundo ¿dónde queda Dos Bocas, Paraíso, Tabasco, México?, también seguramente ha seguido en el “Google maps” la ruta que habrá de recorrer el Tren Maya, y han medido la distancia a la que se encuentra del Aeropuerto Internacional de Cancún, Quintana Roo. Así entre otras cosas, ha iniciado de facto un proceso de atracción de inversiones, que sin duda complementará la inversión de los megaproyectos definidos en las propuestas del presidente; eso es lo que los economistas denominan efecto multiplicador de la inversión y que en términos coloquiales podríamos denominar como “dinero llama dinero”.

Esta inversión generada como consecuencia de los proyectos regionales para el sur-sureste, hay que admitirlo es, no programada, no planeada. Ahora mismo representa un reto para estados y municipios en temas como planeación urbana, dotación de servicios públicos, recaudación local, capacidad administrativa, tarifas de permisos, uso de suelo, licencias de funcionamiento, entre otros más. En otros términos, habrá que reconocer, que aunque sea en términos positivos y de un incremento en las tasas de crecimiento de la región, se darán distorsiones en el mercado.

Es así, que una agenda de competitividad regional y en particular para Tabasco, resulta inminente, pues el ordenamiento, la transparencia y la eficiencia pública para canalizar y llevar a buen puerto las inversiones serán un reto sin precedentes. Es un hecho que en términos cuantitativos, habrá más dinero, inversión, pero hay que canalizar estás variables, para que logren maximizar su impacto en términos de desigualdad y disminución de la pobreza. Por otro lado, desde lo local se deben ejecutar políticas públicas para que esos recursos encuentren las condiciones óptimas para establecerse, desarrollarse, multiplicarse y permanecer. Después de todo, eso es ser competitivo generar, retener y desarrollar inversiones y talente en nuestra región.