El Bosque, los desplazados climáticos que se resisten a vivir lejos de la catástrofe

Fue reconocida como la primera población desplazada climáticamente en México.

El Bosque, los desplazados climáticos que se resisten a vivir lejos de la catástrofe

Hace unas décadas al mar solo lo escuchaban, las dunas y la arbolada no les permitía apreciarlo. Cuando los habitantes de El Bosque, Centla lo vieron desde sus casas fue cuando se asustaron.

"Para llegar al mar era como un kilómetro y medio, hoy el mar no solo lo escuchamos, lo vemos (...) está aquí en nuestros pies, en nuestras casas, el mar nos llegó", dice con voz entre cortada Guadalupe Cobos Pacheco, una de las afectadas y quien también funge como vocera de la localidad.

El Bosque, ubicada entre la desembocadura del caudaloso Usumacinta y el Golfo de México fue reconocida como la primera población desplazada climáticamente en México.

Y es que aquí la marea alta es capaz de erosionar metros de costa y devorar todo lo que encuentra a su paso, desde árboles, postes de luz, hasta calles enteras.

Desde el 2017 el mar se ha "devorado" decenas de casas, escuelas y demás infraestructura.

"Aquí al frente tenemos el aula del kínder, nuestros hijos comenzaban en el kínder, pasaban a la primaria, esto que está atrás es el baño del kínder, los que querían se quedaban en la secundaria de CONAFE y los que no se iban a Frontera, esa era la vida cotidiana de El Bosque, ahí pasaba una calle donde tomaban la combi", recuerda Guadalupe.

Doña Guadalupe, una de las afectadas y vocera de la comunidad, ella al igual que 50 familias fue reubicada a 12 kilómetros en la periferia de Frontera, justo hace un año.

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Sin embargo, continuamente regresa a El Bosque.

"Voy y vengo porque aquí pesca uno, sí es verdad que te reubicaron, pero la pesca (...) ¿de qué vamos a vivir si no es la pesca? Nada más que ya se nos complica vivir en Frontera, imagínate en la madrugada hay que venir para poder agarrar la pesca más buena", señaló.

Llegó a El Bosque desde muy pequeña, por eso, reconoce, que le ha costado trabajo desprenderse de este sitio. Aunque dice no tenerle rencor al mar, pues asegura que "él solo está respondiendo a todo el daño que se le ha hecho".

"Esta era mi vida, el mar, mi casa y mi familia, nunca pensé que la erosión costera y el mar nos fueran a sacar de esta comunidad", (...) éramos felices aquí, este era nuestro territorio, estábamos estables, teníamos lo necesario", expresó Guadalupe Cobos.

Hoy la localidad está irreconocible y hay zonas donde solo quedan restos.

Doña Celia, otra de las desplazadas, quien es madre soltera, mantiene una tienda de abarrotes en El Bosque.

Ella también recibió una vivienda nueva en diciembre de 2024.

"Me fui para allá, estuve tres meses, puse mi tiendita, pero allá no hay nada (...) como no funcionó el negocio allá regresé otra vez, tiene ocho meses que estoy aquí (...) mucha gente dice ´no tienes nada que hacer allá´, aparentemente no tengo otra fuente de trabajo, por ese motivo estoy aquí", dijo.

Hoy son pocos quienes viven en El Bosque. Algunos porque no recibieron casa por parte del gobierno federal y otros porque aquí está su sustento: la pesca.

"Aquí en El Bosque queda la tiendita de doña Celia, queda un señor que se llama don Beto, doña Mago y su esposo porque ellos no tocaron casa, la gente que no tocó casa y que no tiene dinero para rentar siguen viviendo aquí (...) hay otra señora que se llama doña María, sus hijas, María sí tocó casa, pero por la pesca está aquí y el resto que no tocó casa se preguntaran ¿Dónde están? Ellos rentan", comentó Guadalupe Cobos.

Sin embargo, la zona desde hace mucho dejó de ser habitable, hay ocasiones que durante días se quedan sin energía eléctrica

"Cuando se pone muy feo el tiempo de norte me tengo que ir, ya sabemos que estamos expuesto al peligro (...) yo me he quedado solita aquí.

"No tengo miedo, no estoy sola, está Dios conmigo, a veces es más grande la necesidad que el miedo, estoy por una necesidad aquí", señaló doña Celia.

El Bosque está clasificada como una de las comunidades marginadas de Centla y de Tabasco, pero no siempre fue así.

Hoy la vida de los damnificados se desarrolla a varios kilómetros de donde vivían, por ello, les ha costado adaptarse y es que las autoridades solo los reubicaron, pero no los consideraron en aspectos como empleos temporales o algo tan básico como dónde iban a estudiar los niños.

Sería nombrado Refugio Pesquero 

Según los habitantes, El Bosque está cerca de ser nombrada como Refugio Pesquero por Conapesca, lo que les permitiría acceder a programas y proyectos.

Temen que el proceso sea igual de lento que todo lo que representó la reubicación, pese a que desde La Mañanera de Andrés Manuel López Obrador se dieron instrucciones y en varias ocasiones se abordó el asunto.

Sin embargo, hoy al reflexionar sobre lo vivido, reconocen que un tabasqueño en la presidencia de la República fue un impulso para no quedar en el desamparo.

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"Sí nos atendió, claro, personalmente no vino y se presentó aquí, pero dio órdenes e instruyó, dio órdenes precisas para que se le atendiera a la comunidad", señala Guadalupe Cobos.

Aunque doña Guadalupe confiesa que también influyó el impacto mediático. A la fecha, ha dado más de 300 entrevistas.

"Con diferentes periodistas que vienen de otros lugares, de otros países, por ejemplo, aquí estuvo El País (...) el Milenio, un montón, Sputnik de Rusia también estuvo presente aquí en la comunidad", expresó la vocera.

Esto es lo que queda de esta comunidad ribereña tras ser derribado por la fuerza del oleaje. Ni parece que en este lugar vivían unas 200 personas.

"El Bosque tiene historia, aquí se hizo la Batalla de Centla, esa batalla tan famosa que está en los libros precisamente fue aquí porque esta es la entrada del puerto, ahí tenemos el faro", recuerda doña Guadalupe.

Es así como transcurre la vida de los primeros desplazados climáticos de México, entre el recuerdo de lo que tenían, la tristeza de lo que no volverá y un futuro incierto para subsistir.

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